Artículo escrito para la red de expertos Avalon

Uno de los principales caballos de batalla, sino el principal, para un emprendedor, es la obtención de financiación.

Y digo de financiación, y no de financiación de su proyecto, porque ahí ya entramos en materia de once varas. Cuando hablamos de financiación, ¿de qué estamos hablando? ¿y para qué?

Son dos preguntas importantes, porque parece que el “monstruo” de la falta de financiación va a ser uno de nuestros mayores obstáculos, y quizá, ni es tal monstruo, y ni siquiera es un obstáculo.

Contestadas, en una primera vuelta, habría que seguir preguntando, ¿para lo que lo necesito, qué fuentes disponibles de dinero hay? ¿A qué me obligan esas fuentes, qué gano y qué pierdo?

Responder esas dos preguntas siguientes no es baladí. Requiere un esfuerzo grande de reflexión y de análisis, que requiere de nosotros el tener claro una serie de cuestiones fundamentales:

a)      Qué retorno me piden a cambio

b)      En qué plazo

c)       Qué supone para mí en cuanto cesión en la capacidad de gestión

d)      Qué supone para mí en cuanto cesión en la capacidad de decisión

La mayoría de las veces nos fijamos en las dos primeras, y obviamos, a veces porque ni siquiera le damos importancia, las dos segundas, que son fundamentales, y mucho más importantes que las dos primeras.

Imagen1Cada opción actualmente disponible en el mercado, tiene valores diferentes para cada una de las cuatro, y sopesarlas detenidamente, para ver cuál es, al final, el beneficio y el coste de cada opción, tanto para el proyecto, como para nosotros, es un ejercicio obligatorio.

La experiencia indica que, la mayoría de las veces, no hay una opción perfecta, todas tienen inconvenientes, y aquí entonces, propondría lo siguiente: ¿por qué conformarse con las opciones disponibles? ¿por qué no diseñar una para nosotros, “ad hoc”, que pueda ser razonable en términos de beneficio/coste?

Para poder hacer eso, tenemos que pasar a reflexionar sobre el proyecto, punto por punto de la cadena de valor, pensarlo del derecho y del revés, pedir opiniones, verlo desde fuera, desde otras perspectivas, para identificar dónde se puede generar rendimiento de forma fácil y dónde no, qué puntos pueden ser autofinanciados y qué puntos no; qué grupos de interés pueden estar a nuestro favor, y cuáles pueden convertirse en fuentes de financiación; qué actividades conexas y complementarias se pueden desarrollar fácilmente y convertirse también en generadoras de caja, y así sucesivamente.

Hecho este análisis, debiéramos volver al principio, y preguntarnos de nuevo, ¿qué quiero financiar? ¿para qué? ¿qué fuentes disponibles hay? ¿qué me implica el asumir esas fuentes? Y así sucesivamente, hasta llegar a tener meridianamente claro cuáles son los límites de generación de caja de nuestro proyecto, nuestras verdaderas necesidades, los compromisos que somos capaces de aceptar en base a eso, y nuestros límites en cuanto cesión de gestión y de decisión.

Existe dinero disponible para invertir, y existen los buenos proyectos en los que invertir. Y existen ya, casi infinitas formas de poder llevar a cabo esas inversiones. Lo que se necesita, para que de verdad se lleven a cabo, es recorrer la distancia existente entre un punto y otro, y muchas veces, esa distancia se diluye, diseñando un mecanismo “ad hoc”. Quizá antes, era más difícil, pero ahora, cada vez está en nuestra mano, poder acceder a inversores en cualquier parte del mundo, si hemos hecho, y bien, nuestros deberes. Inversores, además, que no piden un retorno demasiado elevado, y no piden que cedamos gestión, ni que cedamos decisión. No dejemos que nos asuste el “monstruo” de la financiación. Es sólo un mito, ¿o no?

Los muros existen por alguna razón; no están para dejarnos afuera, sino para darnos la oportunidad de mostrar hasta qué punto deseamos algo. Están para detener a los que no lo desean lo suficiente. R. Pausch