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Sociedad, reflexión, y responsabilidad individual

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A y B son socios. A no se encuentra a gusto. Cree que hay demasiada diferencia en la forma de ver las cosas, y le dice a B que lo mejor es separarse. B le dice a A que se den un tiempo, a ver si se pueden acercar posturas. A acepta. Pasado ese tiempo, A vuelve a plantear la separación. B acepta, e inician un proceso de negociación para separarse, de tal manera, según dice B, que tanto A como él, salgan ganando, y no perdiendo nada de lo que han construido juntos. Las posturas en la negociación son muy diferentes. El proceso se alarga. Un día, A recibe una notificación que le redirige al boletín del registro mercantil de su ciudad. En ese boletín, puede ver que B ha constituido una sociedad en cuya razón social figura la marca de su empresa conjunta. Investiga. Descubre que B ha solicitado el registro de la marca conjunta a título personal. Consulta con especialistas. Sigue descubriendo acciones de B. Una vez que tiene las cosas claras, encarga a un abogado que hable con B para que transfiera todas las peticiones y registros que ha hecho a nombre personal, a la sociedad conjunta a la que pertenecen. B se niega. Además, pide mucho dinero a A para marcharse.

A y B son amigos. Un día, B escribe a A y le dice que espera que esté bien. Llevan un tiempo sin hablar. A le contesta que no está bien, pero que lo estará. B llama entonces a A para preguntar qué pasa. A intenta contárselo, pero B interrumpe todo el tiempo. De repente, a B le parece más importante averiguar qué tipo de pájaro ha pasado por su ventana, y le dice a A que le volverá a llamar. A se queda esperando una llamada que no recibe. B le escribe varios días después para decirle que no le pudo volver a llamar, y que espera que se ponga bien.

A colabora gratuitamente en un medio digital, escribiendo un artículo al mes. Cada mes, queda a la espera de que el artículo lo publique su editor, B. Un mes, al leer su artículo publicado, ve con estupor que está cambiada la redacción, de tal manera que el artículo no se entiende. Ya ha pasado alguna otra vez. A se dirige a B para ver qué ha pasado, y le pide que restituya el artículo original. Le lleva toda la mañana de intercambio de correos. Al final, decide no seguir colaborando, ya que no se siente respetado. Se lo comunica a B, que le dice que está de acuerdo con su decisión. Además, le indica a A que debería tener un poco de empatía y respeto por sus lectores, y que en lugar de intentar lucirse, debería redactar de tal forma que los lectores le pudieran entender.

Fuente la imagen: http://blues-propicios.blogspot.com.es/2011/01/elogio-del-individuo.html

Fuente la imagen: http://blues-propicios.blogspot.com.es/2011/01/elogio-del-individuo.html

Podríamos seguir poniendo ejemplos, pero creemos que no es necesario. Este tipo de cosas suceden todos los días en nuestra sociedad. A y B, con sus actuaciones, y decisiones, construyen día a día una sociedad, que cada vez es más deshumanizada. Cabría preguntarnos cuál es el grado de libertad que tienen A y B para actuar de forma diferente, y si son ellos, los que construyen la sociedad, como hemos mencionado, o es la sociedad la que les define a ellos.

Quizá el lector, y nosotros, quiera creer que es lo segundo sobre lo primero, pero la realidad es que influyen ambas cosas. Hasta qué punto puede una de ellas influir más que la otra, es algo que depende de A y de B.

A y B pueden decidir ser ignorantes de los motivos por los que hacen lo que hacen. Pueden decidir no reflexionar sobre lo que les ha llevado a hacer y decir lo que hacen y dicen. Pueden incluso decidir hacer responsable, cada cual, al otro, de lo que hacen y dicen. Es más, pueden decidir hacer responsables a sus padres, o a su educación, o a la falta de, o a sus difíciles circunstancias, o a la sociedad entera en su conjunto, de lo que hacen y dicen. Pueden tratar de justificar y de defender sus actuaciones porque están buscando defender su sueño.

Pero también A y B pueden decidir dejar de ser ignorantes de los motivos por los que hacen lo que hacen. Pueden decidir reflexionar sobre lo que les ha llevado a hacer y decir lo que hacen y dicen. Pueden incluso, hacerse responsables de lo que hacen y dicen, en lugar de responsabilizar al otro, a sus padres, a su educación, o falta de ella, a sus circunstancias, o a la sociedad entera. Pueden decidir no justificarse, y no defender sus actuaciones, sino contemplarlas, ver cómo han sido, ver cuáles son sus consecuencias, y tratar de aprender para lo siguiente.

Es verdad que la mayoría de los mensajes que recibimos, día a día, miles y miles, y en cantidad creciente, no ayudan a eso precisamente, sino a lo primero. Reinvéntate. Sueña. Tú puedes ser diferente. El pasado no importa, importa el instante presente. El futuro tampoco importa. Hay que ser innovador. Hay que ser creativo. Descubre el ser creativo que hay en tí. Sé vulnerable. Sé flexible. Tienes el corazón cerrado. Tú puedes ser millonario. Sé empresario, atrévete a no tener jefes. Y podríamos seguir, ad eternum, casi, enumerando mensajes, que hacen que para A y para B, sea difícil mirarse, comprenderse, y responsabilizarse. Está en juego la pertenencia al grupo, a la sociedad.

¿Cómo salir de esa trampa mortal? Difícil, ¿no? Pero no imposible.

Quizá, lo primero, sería que A y B entendieran que es posible decidir por uno mismo. Que es posible seguir perteneciendo, aunque se decida un camino diferente del propuesto. ¿Y por qué? Porque la mayoría de los caminos propuestos se hacen a ciegas, guiados por modas, sin reflexión, y sin saber muy bien qué se está diciendo en realidad.

Cuando alguien te dice: “Sé vulnerable. Es bueno para tí” ¿Sabe en realidad lo que está diciendo? Porque lo que está diciendo es que te abras a la posibilidad de ser herido, o de recibir lesiones físicas o morales (definición del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española)

Si probamos a hacer ese ejercicio con cada una de las cosas que nos dicen, nos llevaríamos las manos a la cabeza. Es más, para empezar, quizá estaría bien que hiciéramos ese ejercicio con cada una de las cosas que nosotros decimos, para saber bien qué estamos diciendo, y si en realidad estamos de acuerdo con eso que estamos diciendo. Y desde ahí, desde ese descubrimiento, quizá todo lo demás cambie. O no. Creemos que eso es algo que depende de cada uno…podemos seguir ciegos, ó podemos empezar a reflexionar…

Ética en la ingeniería

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Cuando hablamos de ética, muchas veces, sino la gran mayoría, parece que entramos en terrenos de grandes palabras y de grandes discursos, que debemos acudir a definiciones y procedencias etimológicas de la palabra, y que cualquier discurso debiera estar enfocado desde las nubes, para que sea válido, y no desde la realidad más cotidiana.

Porque si queremos hacer una reflexión desde la realidad más cotidiana, corremos el riesgo de enfangarnos, de no saber por dónde tirar, de pisar terreno resbaladizo, sobre todo en determinados sectores, como es el de la ingeniería, donde la mayor parte de la actividad está condicionada por el poder político.

Pareciera entonces que es mucho mejor dedicarnos a hacer grandes discursos sobre ética y moral, y dejar la realidad más cotidiana y su inherente subjetividad, a cada persona individual. Allá se las componga en ese terreno que no pisa la legislación, y en el que se debe tomar una decisión, a cuenta de su propia responsabilidad.

Ese terreno que no pisa la legislación en esa realidad cotidiana es vasto y amplio en el caso de la ingeniería. Ya estés en el sector privado o en el sector público, casi cada día te encuentras en una situación pantanosa, en la que tienes que echar mano de lo que sea, para salir de ella.

Y cada persona se las compone, de la manera que puede, para mantener a salvo su integridad, de cara a sí mismo.

De todas esas situaciones pantanosas en las que un ingeniero puede encontrarse, quizá una de las menos peliaguda sea aquella en la que debe hacer un trabajo técnico para que una infraestructura, del tipo que sea, se realice, a sabiendas de que no es necesaria, y no es viable.

Al poder político le corresponde la planificación, y a los distintos sectores profesionales, la ejecución de esa planificación. Y ahí se encuentra el hueco para que un ingeniero se quede en técnico, y no se transforme en un profesional que hace honor a su código deontológico. Se decía la semana pasada en una jornada organizada por el Colegio de Caminos y la Asociación de Ingenieros de Caminos, que a la sociedad, frente a las malas decisiones políticas, le queda el recurso del no voto.

A nosotros ese recurso nos parece insuficiente. Estamos demasiado acostumbrados a ser técnicos, y a salvar nuestra integridad frente a nosotros mismos, diciéndonos a nosotros mismos, y a los demás, ese mismo argumento, olvidando que todos tenemos la capacidad, el derecho, y hasta la obligación de decir no.

No, a aquello que nos obliga a ser laxos en la interpretación de la legislación, del código deontológico profesional, y de nuestro propio código ético y moral.

A día de hoy, el número de técnicos que dicen no, y se convierten en profesionales, es muy reducido, casi inexistente, haciendo de aquél o aquella que lo dice, un héroe. Y todos sabemos lo que conlleva ser un héroe.

Muchos salvaguardamos nuestra integridad protestando, entendiendo que no tenemos capacidad para hacer más. Y así, con la protesta, nos lavamos la cara. Es menos comprometido, y no nos obliga a ser héroes. Pero la realidad es que la protesta sólo sirve para eso.

Es necesario una reflexión profunda, a nivel colectivo, y a nivel de la realidad cotidiana, sobre cómo un sector que técnicamente es muy bueno, puede convertirse en un gran sector profesional. La grandeza no nos sobreviene por decir que somos grandes, sino porque nuestra voz tiene peso e influencia sólida y responsable en aquellas decisiones políticas que hacen avanzar a un país. Y el sector de la ingeniería, sólo en la parte de contratación pública, representa un 20% del PIB.

De nosotros depende ser grandes. Para ello, debemos ser capaces de tener voz, y de darle valor a esa voz. Y esa voz no se articula en la protesta, y en votar cada cuatro años. Esa voz se forma en una reflexión seria, en un debate largo, y en la capacidad de decir no, de dar argumentos, de dar opciones, y de negociar y consensuar.

Esa reflexión seria debe bajar hasta los niveles más bajos posibles. Siguiendo el ejemplo que hemos puesto, el de hacer una infraestructura innecesaria, podemos dibujar otra situación. Una infraestructura que es necesaria. ¿Cómo hacerla? ¿Con qué recursos? ¿De qué manera?

Fuente: International Rivers

Fuente: International Rivers

A nosotros en nuestros cursos nos gusta poner el siguiente gráfico, que se encuentra en un informe de International Rivers para el Banco Mundial: “Infraestructura, ¿para quién?”

¿Qué es mejor en este caso? ¿Qué es más ético? La mayor parte de las veces, se elige la primera solución frente a la segunda, obviando que, quizá, el fin último es que todos dispongan de luz que puedan pagar. Esa es nuestra labor como profesionales, ¿o no?

Si este tipo de reflexiones surgen en una cuestión sencilla, como es el caso que hemos puesto, qué no pasa en multitud de otras cuestiones más complicadas a las que cada día se tienen que enfrentar los técnicos.

Es ese tipo de cuestiones las que nos hubiera gustado encontrar en la jornada ya mencionada anteriormente, y esperamos que, más pronto que tarde, se pueda organizar un debate y reflexión profunda, a pie de la realidad. Será una oportunidad para encontrar la voz propia, y para poder ser grandes de verdad, y no sólo de palabra.

Ver más allá…

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Gracias a nuestro amigo Julio Manau, hemos descubierto este pequeño cuento, que da pié a reflexionar mucho y bien, sobre el comportamiento en determinadas ocasiones nuestro, y de los demás:

Cuentan que dos amigos van caminando por la carretera y ven un perro herido en medio de la calzada. Uno de los dos se acerca a levantar al animal para llevarlo a un veterinario. Cuando intenta sujetarlo, el perro lo muerde.

El hombre lo suelta y se queja con su amigo:

—Perro desagradecido, lo quiero ayudar y me muerde…

El amigo contesta:

—No te enojes. No te muerde por falta de gratitud, te muerde porque está herido

Farola en la oscuridadMuchas veces no entendemos los comportamientos de los demás o los nuestros propios.

Reaccionan o reaccionamos aparentemente, de manera descortés o incluso violenta.

Quizá, en lugar de emitir un juicio negativo sobre ellos o sobre nosotros mismos (¿cómo ha sido capaz de…, cómo he sido capaz de…, es un …, soy un…), podríamos intentar ir un poco más allá y ver mejor.

Quizá, simplemente, hay algo, dolor, sufrimiento, miedo, tristeza, heridas, etc. que son el origen de ese comportamiento, y que lo que se necesita, no es el juicio y el olvido, sino la empatía y la compasión…

 

Un camino para tomar…o un camino para construir…

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Artículo publicado en Training and Development Digest

La vida es un continuo discurrir por caminos. Caminos diversos, que a veces son fáciles, yotras veces muy complicados. Hay personas que toman un camino muy pronto y lo siguen siempre, y otros que van cambiando de camino cada dos por tres, buscando algo que, a veces, ni siquiera se sabe bien qué es. Hay veces que los caminos los eliges tú, y hay veces que los caminos te eligen a ti. No sabes bien cómo pasa, pero pasa. Te dejas llevar por las circunstancias, te dejas llevar por la inercia, y de repente, te encuentras en un sitio al que nunca pensabas que llegarías. A veces para bien, y a veces para mal.

Ese despertar, ese darse cuenta de que estás en un sitio al que nunca pensabas llegar, suele suceder en momentos de crisis, en momentos de ruptura de alguna de las circunstancias que se han hecho conocidas para nosotros.

Se rompen las “reglas del juego” y zas, de repente, tomamos conciencia de la situación.

A veces ni siquiera nos hemos dado cuenta del camino que hemos recorrido y que nos ha llevado hasta allí. Otras veces hemos sido conscientes, pero nos hemos dejado llevar. Y otras veces, hemos elegido conscientemente ese camino, sin saber muy bien adónde nos conducía.

El caso es que, producida la ruptura, producido el hecho de “darse cuenta” del dónde estamos, y de las circunstancias, aparece la incertidumbre, y con ella, el miedo.

El miedo a perder lo adquirido. El miedo a perder más de lo que ya he perdido. El miedo al vacío. El miedo a ser consciente de que es necesario actuar para modificar la situación.

Y con el miedo, afloran también todas nuestras inseguridades, aquellas que han estado camufladas a lo largo de todo ese tiempo, bajo una capa de falsa seguridad.

Y entonces, o nos paralizamos, o nos vamos en una huída hacia delante, dependiendo de nuestra personalidad.

Y ambos casos, perdemos opciones, al no tener libertad.

Libertad de elección.

73845_301082233334880_2120982878_nElección en cuanto a de qué forma reaccionar. Porque entre la parálisis y la huida hacia delante, existen muchos puntos intermedios. Tantos que es imposible nombrarlos, ya que dependen de la personalidad de cada uno de nosotros.

Estamos acostumbrados a mirar la realidad de una determinada manera. Desde nuestro punto de vista. Y ese punto de vista determina, sin que nos demos cuenta, nuestras elecciones y nuestras reacciones.

Y no nos damos cuenta de que podemos mirar de otra manera. Que podemos entrenarnos en elegir y en reaccionar de forma diferente, con más libertad.

Quizá, terminaremos eligiendo lo mismo, en alguna ocasión, pero será una elección meditada y sopesada, y no una reacción por impulso.

Los momentos de crisis, los momentos de rupturas, los momentos del “darse cuenta” son maravillosos. Por una sola razón: nos dan la oportunidad de elegir, de decidir.

Nos dan la oportunidad de ver que tenemos infinitos caminos. Algunos son para tomar, y otros son para construir.

Tenemos y debemos tomarnos tiempo. Tiempo para mirar de otra manera. Dentro de nosotros, y fuera de nosotros.

Creo que los mejores caminos son aquellos que nacen del interior. Aquellos que parten de lo que te mueve de forma más profunda, de aquello con lo que de verdad te entusiasmas y te comprometes.

Esos mejores caminos se construyen, a veces sobre algunos ya trazados, y otros se hacen pasito a pasito, y su origen casi siempre empieza en una crisis, en una ruptura, en un “darse cuenta”.

Entrenémonos entonces en escucharnos, dentro, quizá a veces, muy dentro de nosotros, para saber qué nos mueve, para saber qué nos entusiasma, para saber con qué nos comprometemos, más allá de los caminos que hemos ido tomando, más allá de nuestro punto de vista y de nuestras costumbres.

Entrenémonos en romper nuestra cotidianidad, nuestros hábitos. Observemos nuestras reacciones, físicas, emocionales, mentales. Identifiquemos las razones de nuestra aparente seguridad, y las de nuestra inseguridad.

Y cuando estemos ante el vacío del “darse cuenta”, cuando estemos en el momento de crisis, concedámonos un momento para imaginar. Un momento para dibujar en el vacío. Un momento para escuchar ese vacío.

Para construir, entre él y yo, todas las posibles opciones de caminos a tomar, o a construir. Teniendo claro, además, que nunca serán todas las posibles opciones, porque siempre serán dibujadas, construidas, a partir de un punto de vista.

Todos esos caminos conformarán nuestra cartografía del futuro, de nuestras opciones, más o menos fáciles, más o menos difíciles. Unas opciones con las que podemos afrontar nuestro miedo, nuestra inseguridad.

Y si nos escuchamos a nosotros mismos, escuchamos nuestro miedo, escuchamos nuestra inseguridad, también podremos escuchar nuestras pasiones, nuestros talentos, nuestros compromisos.

Y con todos ellos, podremos elegir desde el corazón, desde la emoción, desde la pasión, nuestro nuevo camino.

Puede que el camino aparezca claramente dibujado, certero, recto, meridianamente claro. Son los caminos para tomar, los caminos ya hechos, por otras personas, por las circunstancias, por nosotros mismos.

O puede que el camino sólo tenga una primera etapa, o ni siquiera eso. Son los caminos a construir, para los que se necesita valor y osadía. Quizá porque nunca los contemplé, o quizá porque nadie los ha seguido antes. Caminos de incertidumbre que pueden llevar a sitios maravillosos, o quizá sólo, nada más y nada menos, proporcionan una experiencia maravillosa de aprendizaje y crecimiento mientras se hacen, mientras se construyen.

Caminos para tomar, o caminos para construir.

Dependen de nosotros, dependen de nuestro interior, de nuestro punto de vista. De nuestra forma de mirar, hacia fuera, y hacia dentro. Nada más, y nada menos

Una cuestión de responsabilidad…

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“Vive tu vida como si la estuvieses viviendo por segunda vez y hubieses actuado tan erróneamente la primera vez como ahora estás a punto de hacer. Una vez un individuo se ha puesto en dicha imaginada situación, instantáneamente será consciente de la absoluta gravedad de la responsabilidad que todo ser humano soporta a lo largo de cada momento de su vida: una responsabilidad acerca de lo que hará en la próxima hora, y en cuanto a cómo dará forma al día siguiente”

Victor Frankl.- The doctor and the soul

Gestionar, ahora más que nunca, es responsabilizarse

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Entrevista realizada por Equipos y Talento:

El mundo lleva inmerso desde hace años en un cambio profundo y ya no basta con formarse técnicamente sino que es necesario adaptarse, ser flexible, evolucionar y, sobre todo, entender que la empresa es un ser vivo que cada día tiene necesidades diferentes. En MyO Company destacan la necesidad de entrenarse y formarse para escuchar al mercado y al individuo y adaptarse a esto.

1.-¿Qué creen que deben aprender los directivos?

Una parte fundamental de la labor de un directivo es hablar. Comunicar, convencer, persuadir, negociar, resolver conflictos. Y para poder hablar bien, se necesitan dos tipos de formaciones. Una teórica, de oratoria, y otra práctica, siendo esta segunda más importante. De nada nos sirve tener el discurso o el mensaje perfecto, si no lo sabemos transmitir. Y más aún, si no lo transmitimos con emoción y/o con pasión, que es como se nos gana a las personas. Nosotros, para la práctica, creemos en entrenarnos en ambientes seguros, con situaciones simuladas, donde se pueden descubrir y evaluar nuevas posibilidades que nos permiten ganar libertad de actuación, para cuando llegue el momento de tener delante, en la realidad, esas situaciones que hemos entrenado. En ese momento, nuestra respuesta tenderá a ser la óptima posible.

2.- ¿Queda mucho por descubrir en la formación empresarial?

Creemos que sí, tanto en la vertiente de la formación técnica, como en la vertiente de desarrollo. El mundo cambia de forma cada vez más rápida. Dentro de diez años, la tecnología será, seguramente, radicalmente diferente. Y afectará a ambos tipo de formaciones. Sobre todo, quizá, en la vertiente de desarrollo, en todas aquellas aplicaciones que pueden venir de la mano de la realidad virtual, la holografía y similares. De hecho, nosotros estamos trabajando ya en un proyecto de simulación de realidad virtual.

Si un músico o un deportista deben formarse continuamente ¿por qué no un directivo? Por muy brillante que seas, necesitas entrenarte. No se toca una pieza de Beethoven a la primera ni a la undécima vez. No se sale al campo sin haber pasado horas entrenando. Los directivos vamos al “campo” sin nada, sólo con nuestro bagaje de experiencia y nuestra formación. Si nos entrenáramos, dos o tres horas a la semana, en mejorar nuestras respuestas ante determinadas situaciones, ganaríamos y multiplicaríamos resultados, eficiencia, confianza, seguridad, experiencia, etc.

3.- Uno de los conceptos clave para su empresa es la responsabilidad…

Para nosotros, es la diferencia entre gestionar una empresa y no hacerlo. Ser responsable es saber que lo que haces tiene consecuencias y tienes que velar para que éstas sean positivas, y si son negativas, e irremediables, que sean las mínimas posibles. Cada vez es más necesario que nos preguntemos ¿cuál es mi responsabilidad?, en toda la extensión de la palabra y del ámbito de actuación, y necesario que nos pongamos en marcha para responderlas, y para asumir y gestionar las respuestas. Porque si no, mi persona se resiente, mis compañeros, mis proveedores, la sociedad, etc. todos perdemos. Gestionar, ahora más que nunca, es responsabilizarse.

4.- ¿Tienen el mismo peso dentro de la organización la responsabilidad individual que la grupal?

Abogamos por un cultivo de la responsabilidad individual que redunda en la consecución de una responsabilidad grupal. Ahora mismo existe un concepto de responsabilidad social empresarial alejada de las responsabilidades individuales. El mensaje que queremos transmitir es que lo que se hace a nivel individual importa, porque el individuo forma parte de la empresa y de la sociedad, y lo que hace se traslada a la empresa, y a la sociedad.

5.- ¿Cómo definen ustedes la empresa humana?

En la medida en que ayudemos a las personas que forman parte de la empresa a responsabilizarse, estaremos trabajando por hacer las empresas más humanas. Entraremos en una toma de conciencia en la que empezaremos a darnos cuenta de que cada  uno somos diferentes y tenemos talentos y capacidades únicas. Empezaremos a darnos cuenta de que cuenta la opinión del otro, su forma de mirar y de entender el negocio. Y entonces, empezaremos a cambiar nuestra forma de gestionar y de buscar y sostener el beneficio. Y nos encontraremos más abiertos, más felices, más dispuestos para enfrentar el día largo de trabajo, hasta que un día no se nos pase por la cabeza que por qué vamos a trabajar, porque nos encantará poder ejercer nuestro talento y nuestra capacidad, con responsabilidad.

Eso es lo que para nosotros es una empresa humana. Un ecosistema que crece, vive y se multiplica, porque cada una de las personas que lo forman crece, vive, y se desarrolla personal y profesionalmente, con responsabilidad, con conciencia, y con disfrute.

Y esto no es una utopía, es una realidad. Es posible hacerlo y conseguirlo. Para nosotros, ésa sería la verdadera excelencia en la gestión.

6.- ¿Cuál sería el camino para llegar a esa excelencia?

Pues para nosotros, el entrenamiento. Entrenarse para conseguir mirar mejor, de forma amplia, con limpieza de prejuicios y de juicios. Entrenarse para escuchar mejor, para comunicar mejor, para liderar mejor, para ser compasivo y amable. Entrenarse para ser responsable.

7.- MyO Company trabaja con doce compromisos en la gestión. ¿Podría resumirlos?

Tienen que ver con todo aquello que nos hace humanos, y que nos posibilita tener una mirada de responsabilidad hacia nosotros, hacia los demás, y hacia el mundo: observar, preguntar, escuchar, analizar, dialogar, proponer, lograr acuerdos, con respeto, con humildad, con coherencia y con profesionalidad, para poder conseguir tus objetivos.

Observamos la realidad y a los otros en función de nuestra experiencia y de nuestra forma de entender el mundo, condicionada, con juicios y prejuicios. No es malo. Somos así. Si nos comprometemos en darnos cuenta de cómo observamos, iremos ampliando nuestra mirada, y empezaremos a cuestionarnos, a preguntar. Y preguntando y observando, nos daremos cuenta de que escuchamos poco, aunque queramos escuchar. Y empezaremos a escuchar más, a nosotros mismos, y a los demás.

Analizar es obligatorio. No hay responsabilidad sin análisis. Tampoco sin diálogo. Dialogar es crear un espacio de colaboración, y gestionar con responsabilidad es comprometerse con el diálogo, y entrenarse en ganar capacidad de diálogo. También hay que tomar la iniciativa. Proponer. Y de nada sirve todo lo anterior, si luego no llegas a un acuerdo. Si no concretas lo observado, escuchado, analizado, dialogado y propuesto.

Es fundamental considerar al otro como un igual diferente y valioso, con respeto y con humildad. Es básico comprometerse con la coherencia, con el trabajar para dejar de ser disonantes. Y es obligatorio ser profesional, excelente. En todo lo anterior, y en llevar a cabo todo lo negociado y acordado. Sin eso, no hay nada.

Responsabilidad y compromiso

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En un estudio de Mc Kinsey de hace unos 12 años, se constataba que sólo el 20% de las estrategias empresariales se conseguían llevar a cabo con éxito y hasta el final. Doce años después, la cifra había mejorado, pero aún así, apenas sobrepasaba el 30% en cuanto a implantaciones exitosas.

No es de extrañar. Nuestro día a día nos confirma esta realidad. De hecho, el Center for Business Practice Research en el 2006 publicó unos datos que podríamos resumir así (entendiendo un proyecto como la implantación de una estrategia determinada): el 31% de los proyectos eran cancelados antes de finalizar, el 53% costaban más o menos el doble de lo previsto originalmente y sólo el 16% se realizaba en tiempo, coste y forma original.

¿Nos sorprenden estas cifras?. Entendemos que no.

¿Cuántos de nosotros hemos experimentado en nuestras carnes y en nuestros ánimos el desasosiego que conllevan estas realidades?.

Si todos de una forma u otra hemos vivido a lo largo de nuestra carrera profesional estas circunstancias, ¿con qué ánimo podemos pedir a nuestros colaboradores un compromiso?. ¿Para que en la mayoría de los mensajes que les lanzamos como directivos, tengamos, poco tiempo después, que obviar nuestros discursos y alegar posteriormente que las circunstancias han cambiado?.

¿Con qué fe, compromiso y motivación por mi parte, incluso como directivo, transmito ilusión a pesar de saber que hay una alta probabilidad de que lo que yo diga desaparezca en el limbo?. Pero, actuando como un perfecto directivo y siguiendo las indicaciones de mi empresa, obviando estos pequeños detalles, vuelvo a pedir a mi equipo, dedicación, implicación y compromiso. Necesito que se ilusionen y que dediquen toda su energía e ilusión a crear algo que tal vez se vaya a esfumar. Eso sí, sin poner todas las cartas boca arriba. De alguna forma, como seres humanos, les falto al respeto, inconcientemente. Si les contara la realidad de lo que podría pasar ¿cómo les podría pedir lo que les voy a pedir?.

Sabemos que esto se produce habitualmente, y en las circunstancias de hoy en día, es todavía más complicado, ya que, en estos momentos, al menos, lo que está sobre la mesa, es entre otras cosas, la continuidad de ciertas organizaciones.

¿Qué hacemos entonces?. ¿Nos dejamos llevar?. ¿O vamos a asumir nuestra responsabilidad y nuestro compromiso con nosotros mismos y con nuestra empresa?. Porque esta situación de hoy, nos presenta una oportunidad única, para mirar la realidad de frente, sin temblar. Y en ese mirar de frente a la realidad, se encuentra la posibilidad de que cada organización aporte al mercado mucho más valor añadido y diferenciador frente a su competencia. No es cuestión de hacer más, es cuestión de hacer de forma diferente, es cuestión de aprender a mirar y a gestionar lo que se ve, y lo que se tiene.

Miramos, si miramos, con miedo y de refilón, no vaya a ser que lo que veo no me guste. Y sin embargo, en ese no ver, nos perdemos la posibilidad de entender que cada organización es única y diferente, porque está compuesta de personas únicas, con unos valores y una cultura únicos.

Y si fuéramos un poco más allá, veríamos que a través de ese ser únicos, si lo gestionásemos, conseguiríamos encontrar el verdadero potencial de crecimiento de nuestras organizaciones.

¿Y en qué consistiría gestionar ese “ser únicos”?. Consistiría, primero, en verlo, en entenderlo, y en trabajar para que todos, consejeros, directores generales, directivos, mandos y colaboradores, tuvieran una meta común. Para que todos trabajaran en una sola dirección, con sus energías e ilusiones enfocadas en la meta común, que es la estrategia de la organización.

¿Y cómo hacerlo?. Aprendiendo a ver a cada persona como una pieza clave de la organización. Ayudándola para que sea ella misma, para que encuentre lo mejor de sí y lo ponga al servicio de la organización. Ayudándola a entender que hay que centrarse en lo que uno sabe hacer y no en lo que los demás no saben hacer. Ayudándola a dialogar, a observar, a preguntar,  a escuchar. Ayudándola a aprender a respetar, con humildad, con respeto, con profesionalidad. Ayudándola a ser coherente.

Es cuestión de dar un paso cada día, porque, aunque todo mundo decimos que lo hacemos, la realidad es, que es tan difícil hacerlo, que solamente lo intentamos, y nos engañamos diciendo, son los demás, no yo.

Es cuestión de asumir responsabilidades. La responsabilidad de ser uno mismo. La responsabilidad de hacerse cargo de uno, y de la empresa para la que trabaja, y de no delegar fuera, aquello que es propio de ti.

¿Cuántos asumimos nuestra responsabilidad?. Y si no asumimos nuestra responsabilidad, ¿cómo nos atrevemos a pedir un compromiso?

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