Artículo publicado en la revista nº 10 de Asicma, Asociación de Empresas de Ingeniería, Consultoría, Medio Ambiente, Arquitectura y Servicios Tecnológicos de Madrid

De un tiempo a esta parte, el entorno y las circunstancias en las que hemos de desarrollar nuestro trabajo se han convertido en algo sumamente complejo, demandantes de respuestas rápidas, de decisiones tomadas en un alto grado de incertidumbre, y de una habilidad muy elevada para adaptarse y para ser flexible.

Hemos pasado de una concepción y realización del trabajo, casi en serie, a una realidad de proyectos únicos, complejos, cada uno diferente del otro, y por tanto, requiriendo necesidades nuevas cada vez.

La formación tradicional nos ha enseñado para trabajar en un entorno más o menos de certidumbre: “las cosas se hacen así”, donde el  énfasis estaba hecho en las capacidades técnicas. Era lo que se necesitaba.

El conocimiento y la capacidad técnica era un grado. Ahora, el conocimiento está accesible, está en todas partes, a un clic, tanto en los grandes recursos on-line disponibles, como en la propia formación técnica, que muchas veces, ha pasado ya incluso a ser gratuita (iniciativas como las MOCCs, Massive Open Online Course) están en auge y expansión en estos momentos, y todas las grandes universidades y escuelas de postgrado se han subido ya al carro (http://www.youtube.com/watch?v=eW3gMGqcZQc#!)

Esto implica que la ventaja competitiva no se encuentra ya en el conocimiento técnico. El entorno demanda máxima flexibilidad y máxima adaptación, gestión de la incertidumbre, capacidad altísima de negociación y de diálogo, y puesta en valor de capacidades y habilidades “humanas”, de relación, no técnicas.

Eso obliga a un cambio radical en el tipo de formación que necesitamos, dirigiéndonos obligadamente a una formación que nos ayude a descubrir y a entrenarnos en aquello que nos hace de verdad humanos:

  • Adquisición y desarrollo de un punto de vista propio y que nos ayude, al mismo tiempo, a cuestionarlo, para ir siendo cada vez más abiertos de mente, y de espíritu.
  • Confianza en nosotros mismos y en nuestras emociones, ya que son la base de nuestra capacidad y habilidad de relacionarnos, de dialogar, y de negociar.
  • Entrenamiento y adquisición de sensación de comodidad en entornos de máxima incertidumbre y cambio.

Estas tres cuestiones, y todas las que llevan asociadas, no es posible adquirirlas estando sentados escuchando ó leyendo. Escuchar y leer es una condición necesaria, pero no suficiente.

Tienen que ser completadas con formación experiencial. Para sentirnos cada vez más cómodos con la incertidumbre, tenemos que ponernos en esas situaciones. Para sentirnos cómodos dialogando y negociando en entornos de alta exigencia, tenemos que ponernos en esas situaciones. Para sentirnos cómodos en nuestra piel, tenemos que sentirnos en nuestra piel.

Eso es lo que hace la formación experiencial, colocarnos en situaciones simuladas, en entornos seguros, donde podemos descubrir, adquirir, practicar y perfeccionar nuestras habilidades relacionales.

Existen muchas posibilidades para impartir y recibir esa formación experiencial, y quizá una de las más potentes, sea la que se realiza con técnicas de teatro, de movimiento, y de arte, que te sacan de tu entorno habitual, y te descubren cuestiones y capacidades insospechadas dentro de ti mismo. Este tipo de formación se utiliza desde hace más de 30 años en Universidades como Harvard, el MIT y distintas escuelas de negocio. En España se está empezando a utilizar tímidamente, ya que existe el prejuicio de que, en la situación en la que estamos, “no es necesaria”, cuando en realidad, es más necesaria que nunca, ya que aquél profesional y aquella empresa que tenga profesionales “entrenados”  son los que contarán con ventaja competitiva.

Imágenes de un entrenamiento en habilidades directivas, de una escuela de MOOC y de un entrenador de manipulación de maquinaria en realidad virtual

Esta formación experiencial se puede completar con formación e-learning y con técnicas de realidad virtual. La tecnología de Kinect (http://www.youtube.com/watch?v=5GXdNQzoPrk&feature=youtu.be) y la realidad virtual, son dos herramientas potentísimas para convertir el espacio de formación, en un espacio, al igual que le pasa a la formación experiencial, de aprender haciendo. La disminución de costes y el aumento de la productividad son exponenciales. ¿Cuántos accidentes se pueden evitar entrenando a los conductores de transporte público, a operarios de tuneladoras y maquinaria pesada, a conductores de vehículos pesados? ¿Cuál es el coste de una mala conducción, ó de una mala manipulación, o de una mala dirección o directriz en el día a día?

A mí, particularmente, me gusta mucho el formato de e-learning en el que no hay un temario desarrollado con grandes textos, sino simplemente, una colección de preguntas relacionadas con el tema que estás trabajando, de tal manera que te obliga a buscar, a indagar, a reflexionar, a cuestionar, a crearte, obligadamente, un punto de vista propio, que, además, tienes que ir cambiando sí o sí.

Por último, existe otro tipo de formación interesante, o muy interesante, y novedosa, que es la que proporcionan las aplicaciones de dispositivos móviles, las apps. A tu disposición en cualquier momento, sin necesidad de libros, ni de apuntes, ni de ordenador, yendo en el metro, en el autobús, estando en una cafetería, donde quieras, puedes mejorar tu conocimientos, ó entrenarte en alguna habilidad concreta, ó retarte a ti mismo, ó retar a otros en una habilidad concreta.

En resumen, tenemos a nuestra disposición una gran variedad de formaciones no clásicas, que nos pueden ayudar, y mucho, a ser muy competitivos en estos nuevos tiempos. ¿A qué esperamos para utilizarlas? Es obligado si queremos diferenciarnos y crecer.