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Entrenarse en habilidades directivas

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Para nosotros, no existe la formación en habilidades directivas. Existe el entrenamiento, entendiéndose por éste a un proceso regular y continuo, en el que una persona ó un grupo de personas, se compromete en un proceso de desarrollo y mejora de capacidades, competencias, conocimientos y habilidades prácticas.

Es decir, es un proceso que requiere compromiso, entrega y dedicación, y en donde la materia prima con la que se trabaja es un@ mism@.

En este proceso, si está bien conducido y realizado, se consigue autoconocimiento, autodominio, mejor conocimiento de los demás, y dominio de distintas circunstancias y experiencias.

Al igual que un músico, un actor ó un deportista, alguien que quiera desenvolverse cómodamente en distintos tipos de circunstancias (gestión comercial, negociación, argumentación, comunicación, presentaciones en público, gestión de equipos, liderazgo, motivación, etc.), puede y debe entrenarse en ellas.

Para ello, sólo se necesita algo de tiempo, y compromiso por nuestra parte, amén de un espacio adecuado, donde se respete la confidencialidad, y se sepa crear el clima adecuado. También es fundamental el equipo que lidere los entrenamientos, ya que sin el feedback adecuado, el entrenamiento no nos lleva a ninguna parte.

Una sesión típica de entrenamiento debería estar conformada de la siguiente forma:

A.- Notas técnicas sobre la habilidad a entrenar.
B.- Generación del clima adecuado de confianza, credibilidad, sintonía y confidencialidad adecuado.
C.- Elección de las situaciones a trabajar.
D.- Preparación de las situaciones.
E.- Vivencia de las situaciones, a través de distintas técnicas, en función de la cultura organizacional en la que se esté trabajando.
F.- Proceso de feedback: técnico, corporal, gestual, emocional, argumentativo.
G.- Nueva preparación de las situaciones de acuerdo al feedback recibido.

Entren-Arte

Los puntos D, E, F y G forman un ciclo que se repite varias veces, en función del tiempo disponible, y de las necesidades y compromisos de los participantes.

Las sesiones de entrenamiento son exigentes en energía, en entrega, y en exposición personal, por lo que es muy importante toda la preparación previa. Cada grupo y cada persona es diferente, y es muy importante entender que cada persona y cada grupo se debe tratar con mucha suavidad, con mucha exquisitez y con mucho mimo. El resultado depende en gran medida de estas tres últimas cuestiones.

Teniendo esto permanentemente presente, es posible poner al participante y a los participantes, en situaciones muy duras y muy complejas, permitiendo posibilidades de crecimiento y de desarrollo muy elevadas.

Gestionar, ahora más que nunca, es responsabilizarse

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Entrevista realizada por Equipos y Talento:

El mundo lleva inmerso desde hace años en un cambio profundo y ya no basta con formarse técnicamente sino que es necesario adaptarse, ser flexible, evolucionar y, sobre todo, entender que la empresa es un ser vivo que cada día tiene necesidades diferentes. En MyO Company destacan la necesidad de entrenarse y formarse para escuchar al mercado y al individuo y adaptarse a esto.

1.-¿Qué creen que deben aprender los directivos?

Una parte fundamental de la labor de un directivo es hablar. Comunicar, convencer, persuadir, negociar, resolver conflictos. Y para poder hablar bien, se necesitan dos tipos de formaciones. Una teórica, de oratoria, y otra práctica, siendo esta segunda más importante. De nada nos sirve tener el discurso o el mensaje perfecto, si no lo sabemos transmitir. Y más aún, si no lo transmitimos con emoción y/o con pasión, que es como se nos gana a las personas. Nosotros, para la práctica, creemos en entrenarnos en ambientes seguros, con situaciones simuladas, donde se pueden descubrir y evaluar nuevas posibilidades que nos permiten ganar libertad de actuación, para cuando llegue el momento de tener delante, en la realidad, esas situaciones que hemos entrenado. En ese momento, nuestra respuesta tenderá a ser la óptima posible.

2.- ¿Queda mucho por descubrir en la formación empresarial?

Creemos que sí, tanto en la vertiente de la formación técnica, como en la vertiente de desarrollo. El mundo cambia de forma cada vez más rápida. Dentro de diez años, la tecnología será, seguramente, radicalmente diferente. Y afectará a ambos tipo de formaciones. Sobre todo, quizá, en la vertiente de desarrollo, en todas aquellas aplicaciones que pueden venir de la mano de la realidad virtual, la holografía y similares. De hecho, nosotros estamos trabajando ya en un proyecto de simulación de realidad virtual.

Si un músico o un deportista deben formarse continuamente ¿por qué no un directivo? Por muy brillante que seas, necesitas entrenarte. No se toca una pieza de Beethoven a la primera ni a la undécima vez. No se sale al campo sin haber pasado horas entrenando. Los directivos vamos al “campo” sin nada, sólo con nuestro bagaje de experiencia y nuestra formación. Si nos entrenáramos, dos o tres horas a la semana, en mejorar nuestras respuestas ante determinadas situaciones, ganaríamos y multiplicaríamos resultados, eficiencia, confianza, seguridad, experiencia, etc.

3.- Uno de los conceptos clave para su empresa es la responsabilidad…

Para nosotros, es la diferencia entre gestionar una empresa y no hacerlo. Ser responsable es saber que lo que haces tiene consecuencias y tienes que velar para que éstas sean positivas, y si son negativas, e irremediables, que sean las mínimas posibles. Cada vez es más necesario que nos preguntemos ¿cuál es mi responsabilidad?, en toda la extensión de la palabra y del ámbito de actuación, y necesario que nos pongamos en marcha para responderlas, y para asumir y gestionar las respuestas. Porque si no, mi persona se resiente, mis compañeros, mis proveedores, la sociedad, etc. todos perdemos. Gestionar, ahora más que nunca, es responsabilizarse.

4.- ¿Tienen el mismo peso dentro de la organización la responsabilidad individual que la grupal?

Abogamos por un cultivo de la responsabilidad individual que redunda en la consecución de una responsabilidad grupal. Ahora mismo existe un concepto de responsabilidad social empresarial alejada de las responsabilidades individuales. El mensaje que queremos transmitir es que lo que se hace a nivel individual importa, porque el individuo forma parte de la empresa y de la sociedad, y lo que hace se traslada a la empresa, y a la sociedad.

5.- ¿Cómo definen ustedes la empresa humana?

En la medida en que ayudemos a las personas que forman parte de la empresa a responsabilizarse, estaremos trabajando por hacer las empresas más humanas. Entraremos en una toma de conciencia en la que empezaremos a darnos cuenta de que cada  uno somos diferentes y tenemos talentos y capacidades únicas. Empezaremos a darnos cuenta de que cuenta la opinión del otro, su forma de mirar y de entender el negocio. Y entonces, empezaremos a cambiar nuestra forma de gestionar y de buscar y sostener el beneficio. Y nos encontraremos más abiertos, más felices, más dispuestos para enfrentar el día largo de trabajo, hasta que un día no se nos pase por la cabeza que por qué vamos a trabajar, porque nos encantará poder ejercer nuestro talento y nuestra capacidad, con responsabilidad.

Eso es lo que para nosotros es una empresa humana. Un ecosistema que crece, vive y se multiplica, porque cada una de las personas que lo forman crece, vive, y se desarrolla personal y profesionalmente, con responsabilidad, con conciencia, y con disfrute.

Y esto no es una utopía, es una realidad. Es posible hacerlo y conseguirlo. Para nosotros, ésa sería la verdadera excelencia en la gestión.

6.- ¿Cuál sería el camino para llegar a esa excelencia?

Pues para nosotros, el entrenamiento. Entrenarse para conseguir mirar mejor, de forma amplia, con limpieza de prejuicios y de juicios. Entrenarse para escuchar mejor, para comunicar mejor, para liderar mejor, para ser compasivo y amable. Entrenarse para ser responsable.

7.- MyO Company trabaja con doce compromisos en la gestión. ¿Podría resumirlos?

Tienen que ver con todo aquello que nos hace humanos, y que nos posibilita tener una mirada de responsabilidad hacia nosotros, hacia los demás, y hacia el mundo: observar, preguntar, escuchar, analizar, dialogar, proponer, lograr acuerdos, con respeto, con humildad, con coherencia y con profesionalidad, para poder conseguir tus objetivos.

Observamos la realidad y a los otros en función de nuestra experiencia y de nuestra forma de entender el mundo, condicionada, con juicios y prejuicios. No es malo. Somos así. Si nos comprometemos en darnos cuenta de cómo observamos, iremos ampliando nuestra mirada, y empezaremos a cuestionarnos, a preguntar. Y preguntando y observando, nos daremos cuenta de que escuchamos poco, aunque queramos escuchar. Y empezaremos a escuchar más, a nosotros mismos, y a los demás.

Analizar es obligatorio. No hay responsabilidad sin análisis. Tampoco sin diálogo. Dialogar es crear un espacio de colaboración, y gestionar con responsabilidad es comprometerse con el diálogo, y entrenarse en ganar capacidad de diálogo. También hay que tomar la iniciativa. Proponer. Y de nada sirve todo lo anterior, si luego no llegas a un acuerdo. Si no concretas lo observado, escuchado, analizado, dialogado y propuesto.

Es fundamental considerar al otro como un igual diferente y valioso, con respeto y con humildad. Es básico comprometerse con la coherencia, con el trabajar para dejar de ser disonantes. Y es obligatorio ser profesional, excelente. En todo lo anterior, y en llevar a cabo todo lo negociado y acordado. Sin eso, no hay nada.

Entrenarse para sobrevivir

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Recojemos aquí un artículo escrito por nuestra directora Oliva González, para Diario Abierto: “Entrenarse para sobrevivir”.

Llevo casi 20 años dedicada al mundo de la empresa. Desde que era muy pequeña crecí escuchando a mi padre las bondades del ‘management’ y del mundo empresarial, y supongo que ahí nació mi interés y mi pasión por este mundo.

Para mí, las empresas son los únicos organismos vivos que pueden morir por su propia mano siendo totalmente inconscientes de lo que están haciendo. También son los únicos organismos vivos que pueden vivir casi eternamente. Es decir, que contienen en su esencia la capacidad de la inmortalidad. Y es una lástima que teniendo esa ansia que tenemos  los hombres por la eternidad, no sepamos reconocer dónde está y cómo podemos hacerla realidad.

Las empresas son personas. Están formadas por personas. Si no hay personas no hay empresas. Dos personas se relacionan entre ellas. Varios cientos de personas producen miles de relaciones al día. Las empresas son relaciones entre las personas. La calidad de las relaciones depende de la emocionalidad de las personas que están involucradas, de su inteligencia emocional.  Podemos hablar de números, procedimientos, metodologías, cadenas de valor, y de todo lo que queramos, pero en realidad, dominada la técnica, nos ahogamos por la emoción.

Porque no somos duchos en ella, ya que venimos de un sistema nacido en la época de la Revolución Industrial, donde primaba la producción en serie. No es malo, pero el mundo va cambiando y evoluciona, camino de la libertad individual, de la capacidad de elegir, y de la capacidad de hacer escuchar la propia voz, y las empresas debemos adaptarnos a ello. Debemos aprender a ser humanas, a manejarnos en el mundo emocional, y gestionar desde un equilibrio entre el lado técnico y el lado emocional.

Charles Handy, hace muchos años, en su libro El elefante y la pulga, decía: “Los valores, las creencias y las emociones son materia esencial para la formación de directivos. Dejarlas fuera es arriesgarse a ignorar la humanidad, que es el corazón de cualquier organización”.

Para no dejarlas fuera, no tenemos que invertir grandes cantidades de dinero, ni rompernos la cabeza para implantar procedimientos complejos. Tenemos todo lo que necesitamos. Lo único que tenemos que hacer es entrenarnos, abrirnos a mirar de otra manera. Y a dejarnos mirar de otra manera. Y a aprender de esas dos nuevas formas de mirar.

Si cualquier músico, cualquier actor, o cualquier deportista entrenan muchas horas antes de salir a escena, ¿por qué nosotros no entrenamos las situaciones difíciles, y las no tan difíciles, que vamos a encontrarnos en el día a día de la empresa?

Si tenemos una negociación complicada, una conversación difícil, una reunión en la que nos jugamos una refinanciación, y cuestiones semejantes que pueden complicar la situación y viabilidad de la empresa, es mucho mejor si vamos preparados. Si hemos entrenado esas situaciones en un entorno en el que podemos descubrir formas diferentes de enfrentarlas y de negociar, con feedback constructivo y recurrente.

Aprendizaje experiencial

La idea de entrenarse para el trabajo en la empresa no es nueva. Pertenece a lo que se denomina aprendizaje experiencial, o learning by doing, y se utiliza desde hace más de 30 años por miles de organizaciones, en distintas formas, para mejorar las habilidades y competencias de sus colaboradores. También son utilizados por las escuelas de negocio más prestigiosas del mundo. Es el caso de Harvard, que acaba de cambiar la forma de abordar sus MBAs a través del programa FIELD o la MIT’s Sloan School of Management, donde hace muchos años que disponen de laboratorios de entrenamiento, por ejemplo, el Trading Lab.

Nosotros creemos en un entrenamiento que proporcione, al menos, dos tipos de miradas. Una mirada técnica, que comprende y conoce el problema o la situación que se entrena, y una mirada humana, que comprende y conoce la psicología, el lenguaje, y las emociones. Esto posibilita la creación de un espacio o laboratorio donde se llega al dominio técnico a la par que se desarrolla la inteligencia emocional, reforzándose ambas mutuamente, en un proceso sin fin. El no conseguir el objetivo o el éxito es un acicate para seguir probando, para evolucionar y crecer.

Las personas que se han sumado a estas iniciativas declaran haber ganado seguridad, confianza, libertad de actuación, conocimiento de sí mismos y de los demás.  También identificación de fortalezas que no creían tener, y descubrimiento de cómo utilizar sus aparentemente debilidades como fortalezas, amén de obtener mejores resultados, mayor cohesión de sus equipos de trabajo, mayor escucha y respeto por las opiniones de los demás, y mejor “sentimiento” de empresa.

La emoción pesa en la cuenta de resultados. Y ese peso se transformará en una palanca para conseguir mejores resultados en el momento en el que decidamos entrenarnos de forma sistemática, en buenos espacios y con buenos entrenadores. La supervivencia de nuestra empresa está en juego. ¿Por qué no intentarlo? No se pierde nada, y se gana mucho.

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