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Ver más allá…

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Gracias a nuestro amigo Julio Manau, hemos descubierto este pequeño cuento, que da pié a reflexionar mucho y bien, sobre el comportamiento en determinadas ocasiones nuestro, y de los demás:

Cuentan que dos amigos van caminando por la carretera y ven un perro herido en medio de la calzada. Uno de los dos se acerca a levantar al animal para llevarlo a un veterinario. Cuando intenta sujetarlo, el perro lo muerde.

El hombre lo suelta y se queja con su amigo:

—Perro desagradecido, lo quiero ayudar y me muerde…

El amigo contesta:

—No te enojes. No te muerde por falta de gratitud, te muerde porque está herido

Farola en la oscuridadMuchas veces no entendemos los comportamientos de los demás o los nuestros propios.

Reaccionan o reaccionamos aparentemente, de manera descortés o incluso violenta.

Quizá, en lugar de emitir un juicio negativo sobre ellos o sobre nosotros mismos (¿cómo ha sido capaz de…, cómo he sido capaz de…, es un …, soy un…), podríamos intentar ir un poco más allá y ver mejor.

Quizá, simplemente, hay algo, dolor, sufrimiento, miedo, tristeza, heridas, etc. que son el origen de ese comportamiento, y que lo que se necesita, no es el juicio y el olvido, sino la empatía y la compasión…

 

Experimentando a través del cuerpo

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El pasado sábado dirigimos un taller de autoconocimiento a través del cuerpo. Fue un taller experimental, que repetiremos periódicamente.

Taller experimentalLa idea básica que está detrás del taller es la de proporcionar un espacio dedicado a la experimentación, a la búsqueda, a la observación y el desarrollo de una mirada interior, hacia nosotros mismos.

No se dan pautas predeterminadas, salvo dos, que son básicas:

1.- Desarrollar la posición de observador de uno mismo, sin juicio, para tomar nota de lo que vayamos sintiendo y pensando.

2.- Moverse libremente, lo más libremente posible, fuera de convenciones, fuera de querer hacer movimientos bonitos, precisos, armónicos.

Trabajando el cuerpo, moviéndonos libremente, según lo que vayamos sintiendo, en función de la música, y sólo de la música y de nuestro cuerpo, y observando, nos vamos dando cuenta de cuestiones, que, a veces, pueden llegar a ser muy importantes, sobre nosotros mismos, y sobre nuestra relación con la realidad, y con los demás.

Muchas veces saldrán emociones, y reacciones que nos sorprenderán, y lo único que tenemos que hacer, entonces, es tomar nota, y dejar tiempo y paso a la reflexión.

Proponemos aquí un proceso de cartografía de nosotros mismos. De nuestra geografía subterránea e íntima. Para la cual los demás no tienen explicaciones, sólo nosotros las tenemos, y las tenemos dentro.

Es cuestión de buscar…y de experimentar…

 

Amar las preguntas

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A nosotros nos gustan las preguntas. Mucho.

Nos gustan porque, si están bien formuladas, nos abren puertas. Nos ayudan a reflexionar. Nos ayudan a encontrar nuevos caminos. Nos ayudan a crecer.

A las preguntas hay que darles tiempo. No se pueden contestar instantáneamente. Las mejores preguntas son aquellas que te dejan pensando. Que te dejan en silencio exterior, y en barullo interior.

A veces, se tarda mucho en responder a una pregunta. Pero siempre llega. De una manera o de otra. Así que, paciencia…

Las posibilidades de las preguntasAMAR LAS PREGUNTAS
Ten paciencia con todo aquello
que no se ha resuelto en tu corazón
e intenta amar las preguntas por sí mismas,
como si fueran habitaciones cerradas
o libros escritos en una lengua extranjera.
No busques ahora las respuestas
que no estés preparado para vivir,
pues la clave es vivirlo todo.
Vive las preguntas ahora.
Tal vez las encuentres, gradualmente, sin notarlas,
y algún día lejano llegues a las respuestas.

RAINER MARÍA RILKE

¿Qué métodos existen para emprender un camino de desarrollo personal?

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Artículo publicado en el portal Qué Aprendemos Hoy

En un artículo anterior, hablábamos de qué es el camino del desarrollo personal y de la importancia de definir nuestros propios objetivos al respecto.

En éste, vamos a tratar de dibujar un mapa de herramientas que pueden ayudarnos a recorrer ese camino, y conseguir esos objetivos, una vez que hemos decidido que puede ser bueno para nosotros tomarlo y recorrerlo.

Para trabajar en el desarrollo de uno mismo, es posible, y desde mi punto de vista, necesario, trabajar en cinco niveles: cuerpo, mente, emoción, acción e inconsciente. Todos están relacionados entre sí, y, aunque es posible que trabajando uno, se beneficien los demás, no es una condición suficiente, pero sí necesaria.

Desde mi experiencia, los dos elementos más potentes para trabajar, son el cuerpo y el inconsciente. El cuerpo contiene la memoria emocional, física y mental de toda nuestra vida. El inconsciente lo contiene todo, incluida la memoria colectiva.

¿Cómo trabajamos cada nivel?

Existen numerosas herramientas y métodos, por lo que deberíamos ir viendo cuáles son los más adecuados para nosotros, ya que no existe un método mejor que otro, existe el proceso o procesos que mejor nos sirva, en función de nuestros objetivos y de nuestro grado de compromiso en la tarea.

Herramientas para el desarrollo personalexiste una técnica fundamental que es importante e imprescindible a la hora de practicar cualquier método, o utilizar cualquier herramienta, es el trabajo de convertirnos en observadores, en testigos de nosotros mismos.

Tratando de observar nuestros pensamientos, nuestras reacciones, nuestras emociones, sin juicio, sea lo que sea lo que esté pasando. Y conseguido eso, entregarse a cualquiera de los métodos y herramientas que hayamos elegido.

De entre todas las herramientas y métodos disponibles, yo destacaría, como interesantes y convenientes, las siguientes: el coaching, el movimiento, el teatro, el arte, la música, las terapias corporales, el trabajo con los sueños y el trabajo con constelaciones.

Para una persona que empieza ahora en este camino de desarrollo personal, lo más recomendable es empezar a través del coaching, que permite la creación de un espacio de reflexión, y si el coach es bueno… la generación de esa posición de observador o de testigo.

También en función de cómo sea el coach, es posible que vaya introduciendo ejercicios de teatro y de movimiento, quizás también con algún tipo de ejercicios, utilizando el arte y la música.

Sólo después de llevar un tiempo razonable como testigos de nosotros mismos, daríamos el paso al trabajo con las terapias corporales y sobre todo, con el inconsciente; a través del trabajo con sueños y constelaciones, entre otras herramientas. La razón es muy sencilla, es que es profundo; con una gran carga emocional, y muchas veces, difícil de sostener y de asimilar.

De todas formas, insisto, cada uno debe encontrar su propio itinerario…

En siguientes artículos iremos explicando cada uno de los métodos, así como sus posibles beneficios y sus ventajas.

Esto también cambiará

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Compartimos aquí un pequeño cuento indio, que nos habla de que, en la vida, encontramos situaciones positivas y situaciones negativas, encuentros, pérdidas, triunfos, éxitos, fracasos, halagos, insultos, etc…

Si nos quedamos en cada uno de esos acontecimientos, en cada una de las pérdidas, en cada uno de los éxitos, de los halagos, o de los fracasos, sufriremos inutilmente. Quizá, lo mejor, es aceptar cada situación, sea buena, o mala, con el ánimo sereno, sabiendo que, sea bueno, o malo, pasará. Todo pasa.

“Un próspero comerciante dejó al morir una cuantiosa fortuna, que debía repartirse entre sus dos hijos en partes iguales. Así se hizo, pero transcurrido algún tiempo de la muerte de su padre, los hermanos hallaron un paquete que había sido celosamente guardado. Lo abrieron, expectantes, y encontraron dos sortijas. En una de ellas brillaba un valioso diamante; la otra era un sencilla pieza de plata.

El mayor de los hermanos, al verlas, sostuvo que lo más probable era que hubieran pertenecido a sus antepasados. Eso explicaría por qué el padre las había guardado con tanto cuidado, y no las había incluido en la herencia paterna.

-Como soy el primogénito-dijo, movido por la codicia-, me corresponde la sortija del diamante.

El hermano menor no opuso argumento alguno. Por el contrario, le contestó:

-Estoy de acuerdo, espero que tú seas tan feliz con la sortija del diamante, como yo lo soy con la de plata.

Cada hermano emprendió su vida por separado, con la sortija que le había tocado en suerte. Unos días después, el hermano menor, se preguntó cuál habría sido la razón de que el padre guardara con tanto celo una sortija sin valor aparente. La examinó detenidamente y pudo apreciar unas letras grabadas en la cara interior. Con algún esfuerzo, logró leer la frase que las letras formaban: “Esto también cambiará”.

Calma. Esto también pasará.

Calma. Esto también pasará.

-Tal vez éste era el mantra de mi padre-pensó.

El tiempo transcurría para los dos hermanos con sus inevitables fluctuaciones, los buenos y los malos momentos, las situaciones favorables y las adversas, el placer y el dolor.

El hermano mayor vivía exaltadamente las circunstancias favorables, y se deprimía frente a las desfavorables. Su equilibrio espiritual comenzó a tambalear y llegó al límite. De poco le servía poseer la valiosa sortija con el diamante.

Mientras tanto, la vida del hermano pequeño, discurría de modo igualmente dispar. También había para él momentos buenos y momentos malos, alegrías y sufrimientos, situaciones placenteras y otras dolorosas. Pero en los momentos de zozobra, siempre recordaba la inscripción grabada en la sortija de plata: “Esto también cambiará”. Eso lo ayudaba a mantener una actitud ecuánime y equilibrada, el ánimo siempre dispuesto y la claridad de pensamiento. El placer no le provocaba apego y lo desagradable no le causaba aversión. Vivía en armonía consigo mismo, y con el mundo que lo rodeaba.

La relatividad de los puntos de vista

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Compartimos aquí una historia que ilustra muy bien nuestras dificultades para percibir la realidad tal y como es, ya que cada uno de nosotros está condicionado por su punto de vista, adquirido a lo largo del tiempo, a través de nuestra experiencia y de nuestras reacciones a nuestra experiencia. Esperamos que os guste. Es una historia india.

Un maestro espiritual enseñaba desde hacía años a varios discípulos, de los cuales, cuatro eran ciegos.

Estos cuatro discípulos eran muy meticulosos y seguían escrupulosamente las enseñanzas de su maestro.

Hacía ya muchos años que la situación persistía y los cuatro discípulos empezaban a preguntarse si un día llegarían, por fin, a la iluminación prometida.

Se reunieron pues para intercambiar sus preocupaciones, y decidieron que debían entrevistarse con el maestro y hablarle con franqueza. Fueron a ponerse a los pies del maestro, y allí, osaron formular la pregunta:

-Maestro, seguimos fielmente tus enseñanzas desde hace años. ¿Cuándo alcanzaremos la iluminación? Deberíamos estar ya preparados, ¿no lo crees así?

El maestro miró unos instantes a los cuatro, luego pareció tomar una decisión.

-Muy bien- les dijo-, veo que vuestro deseo de entrar en unión con la Madre Divina es muy grande. Así, voy a daros, a partir de hoy, una posibilidad de demostrar vuestra capacidad para recibir sublimes energías.

Al oír estas palabras, los discípulos rebosaron de alegría, pero por supuesto, esperaban una dura prueba.

– ¿Estáis listos?- les preguntó el maestro.

– Sí, ciertamente- respondieron a coro los discípulos-. Dínos qué hay que hacer, y lo haremos.

– En el bosque vecino hay un claro, y en este claro, hay un elefante. Vais a ir al claro. Sé que nunca habéis visto un elefante, puesto que sois ciegos de nacimiento. Pero vais a entrar en contacto con el elefante con la ayuda de los sentidos que os son disponibles y dentro de una hora volveréis y cada uno me hará una descripción del elefante. En marcha.

ElefanteLos discípulos quedaron muy sorprendidos; la prueba era simple y ridícula. Pensaron que después de muchos años de estudios con el maestro, ya estaban preparados. Esto no era más que una formalidad.

Se marcharon pues alegremente al claro, y allí, cada uno entró en contacto con el elefante. El primero cogió la cola. Entonces pensó: “Un elefante vive en el aire. Es redondo y largo, y se termina con un mechoncito de pelos. Muy bien, ya sé lo que es un elefante.” El segundo, cogió la pata, la palpó con sus manos. Pensó: “Un elefante es grande y rugoso como un árbol, tiene una piel espesa y llena de pliegues, vive en la tierra. Muy bien, ya sé lo que es un elefante.” El tercero cogió la trompa, y tuvo su experiencia del elefante, al igual que el cuarto que tocó la oreja. Muy felices, seguros de ellos mismos, y charlando alegremente, volvieron al Maestro a la hora prevista.

Entonces el Maestro les preguntó:

– ¿Quién puede decirme qué es un elefante?

El primero, no pudiendo contener su dicha, le dijo sin esperar:

– Maestro, un elefante vive en el aire. Es redondo y largo, muy suave, y se termina con un mechoncito de pelos.

– En absoluto- replicó rápidamente el segundo-, un elefante es grande y rugoso como un árbol, tiene la piel arrugada y vive en la tierra.

– ¡Por supuesto que no!- gritó el tercero-. Voy a deciros, Maestro, qué es un elefante.

Y empezó a describir la trompa. Antes de que hubiera terminado la descripción, el cuarto, que no podía contener su impaciencia, le interrumpió para dar su propia descripción del elefante, o sea, la oreja. Pero no pudo terminar porque los otros tres protestaron, defendiendo cada uno su propia percepción, y así empezó una gran disputa. El Maestro les dejó pelearse un momento y luego, como la disputa no se acababa, rogó silencio para decirles que la iluminación, en definitiva, no era para hoy…

 

Un camino para tomar…o un camino para construir…

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Artículo publicado en Training and Development Digest

La vida es un continuo discurrir por caminos. Caminos diversos, que a veces son fáciles, yotras veces muy complicados. Hay personas que toman un camino muy pronto y lo siguen siempre, y otros que van cambiando de camino cada dos por tres, buscando algo que, a veces, ni siquiera se sabe bien qué es. Hay veces que los caminos los eliges tú, y hay veces que los caminos te eligen a ti. No sabes bien cómo pasa, pero pasa. Te dejas llevar por las circunstancias, te dejas llevar por la inercia, y de repente, te encuentras en un sitio al que nunca pensabas que llegarías. A veces para bien, y a veces para mal.

Ese despertar, ese darse cuenta de que estás en un sitio al que nunca pensabas llegar, suele suceder en momentos de crisis, en momentos de ruptura de alguna de las circunstancias que se han hecho conocidas para nosotros.

Se rompen las “reglas del juego” y zas, de repente, tomamos conciencia de la situación.

A veces ni siquiera nos hemos dado cuenta del camino que hemos recorrido y que nos ha llevado hasta allí. Otras veces hemos sido conscientes, pero nos hemos dejado llevar. Y otras veces, hemos elegido conscientemente ese camino, sin saber muy bien adónde nos conducía.

El caso es que, producida la ruptura, producido el hecho de “darse cuenta” del dónde estamos, y de las circunstancias, aparece la incertidumbre, y con ella, el miedo.

El miedo a perder lo adquirido. El miedo a perder más de lo que ya he perdido. El miedo al vacío. El miedo a ser consciente de que es necesario actuar para modificar la situación.

Y con el miedo, afloran también todas nuestras inseguridades, aquellas que han estado camufladas a lo largo de todo ese tiempo, bajo una capa de falsa seguridad.

Y entonces, o nos paralizamos, o nos vamos en una huída hacia delante, dependiendo de nuestra personalidad.

Y ambos casos, perdemos opciones, al no tener libertad.

Libertad de elección.

73845_301082233334880_2120982878_nElección en cuanto a de qué forma reaccionar. Porque entre la parálisis y la huida hacia delante, existen muchos puntos intermedios. Tantos que es imposible nombrarlos, ya que dependen de la personalidad de cada uno de nosotros.

Estamos acostumbrados a mirar la realidad de una determinada manera. Desde nuestro punto de vista. Y ese punto de vista determina, sin que nos demos cuenta, nuestras elecciones y nuestras reacciones.

Y no nos damos cuenta de que podemos mirar de otra manera. Que podemos entrenarnos en elegir y en reaccionar de forma diferente, con más libertad.

Quizá, terminaremos eligiendo lo mismo, en alguna ocasión, pero será una elección meditada y sopesada, y no una reacción por impulso.

Los momentos de crisis, los momentos de rupturas, los momentos del “darse cuenta” son maravillosos. Por una sola razón: nos dan la oportunidad de elegir, de decidir.

Nos dan la oportunidad de ver que tenemos infinitos caminos. Algunos son para tomar, y otros son para construir.

Tenemos y debemos tomarnos tiempo. Tiempo para mirar de otra manera. Dentro de nosotros, y fuera de nosotros.

Creo que los mejores caminos son aquellos que nacen del interior. Aquellos que parten de lo que te mueve de forma más profunda, de aquello con lo que de verdad te entusiasmas y te comprometes.

Esos mejores caminos se construyen, a veces sobre algunos ya trazados, y otros se hacen pasito a pasito, y su origen casi siempre empieza en una crisis, en una ruptura, en un “darse cuenta”.

Entrenémonos entonces en escucharnos, dentro, quizá a veces, muy dentro de nosotros, para saber qué nos mueve, para saber qué nos entusiasma, para saber con qué nos comprometemos, más allá de los caminos que hemos ido tomando, más allá de nuestro punto de vista y de nuestras costumbres.

Entrenémonos en romper nuestra cotidianidad, nuestros hábitos. Observemos nuestras reacciones, físicas, emocionales, mentales. Identifiquemos las razones de nuestra aparente seguridad, y las de nuestra inseguridad.

Y cuando estemos ante el vacío del “darse cuenta”, cuando estemos en el momento de crisis, concedámonos un momento para imaginar. Un momento para dibujar en el vacío. Un momento para escuchar ese vacío.

Para construir, entre él y yo, todas las posibles opciones de caminos a tomar, o a construir. Teniendo claro, además, que nunca serán todas las posibles opciones, porque siempre serán dibujadas, construidas, a partir de un punto de vista.

Todos esos caminos conformarán nuestra cartografía del futuro, de nuestras opciones, más o menos fáciles, más o menos difíciles. Unas opciones con las que podemos afrontar nuestro miedo, nuestra inseguridad.

Y si nos escuchamos a nosotros mismos, escuchamos nuestro miedo, escuchamos nuestra inseguridad, también podremos escuchar nuestras pasiones, nuestros talentos, nuestros compromisos.

Y con todos ellos, podremos elegir desde el corazón, desde la emoción, desde la pasión, nuestro nuevo camino.

Puede que el camino aparezca claramente dibujado, certero, recto, meridianamente claro. Son los caminos para tomar, los caminos ya hechos, por otras personas, por las circunstancias, por nosotros mismos.

O puede que el camino sólo tenga una primera etapa, o ni siquiera eso. Son los caminos a construir, para los que se necesita valor y osadía. Quizá porque nunca los contemplé, o quizá porque nadie los ha seguido antes. Caminos de incertidumbre que pueden llevar a sitios maravillosos, o quizá sólo, nada más y nada menos, proporcionan una experiencia maravillosa de aprendizaje y crecimiento mientras se hacen, mientras se construyen.

Caminos para tomar, o caminos para construir.

Dependen de nosotros, dependen de nuestro interior, de nuestro punto de vista. De nuestra forma de mirar, hacia fuera, y hacia dentro. Nada más, y nada menos

¿Qué influye en nuestra comunicación?

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¿Cómo nos afectan a cada uno, los hechos, nuestras creencias, nuestros juicios, nuestros sentimientos y nuestras necesidades?

¿Cuántos nos damos cuenta de que todo ello nos está influyendo para comunicarnos con otra persona?

Atrevernos a mirar de otra manera

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Tribuna publicada en el mes de octubre de 2012 en Equipos y Talento:

Ningún problema puede ser resuelto desde el mismo estado de conciencia desde el que fue creado. Albert Einstein.

Dicen que existen tres clases de personas: los pesimistas, los optimistas y los realistas, aunque hay algunos que lo dejan en dos: pesimistas y optimistas. Yo creo que esto no es así. Creo que todos llevamos dentro todo, nuestro pesimismo y nuestro optimismo,  que nos manejamos según podemos y según nos han enseñado y hemos aprendido.

Y en esencia, todo ello depende de nuestra forma de mirar. De nuestra forma de entender la realidad, y de entendernos a nosotros mismos.

Hemos establecido dentro de nosotros, y de nuestras organizaciones, mecanismos que saltan automáticamente, en función de lo que pasa fuera. Y son tan automáticos, que ni siquiera nos damos cuenta de que están saltando.

Y así, entonces, actuamos de tal manera que se nos puede englobar en pesimistas, o en optimistas, perdiendo un enorme campo de actuación para la gestión.

Cada día las noticias nos hacen ver qué mal están las cosas, y cómo parece que van a peor. El escenario es terrible, casi dramático, y nadie se atreve a aventurar qué va a pasar, nadie quiere atreverse a nombrar, y a decir cómo estaremos dentro de seis meses.

Van pasando los días, y cada día que pasa, parece que es mejor meter un poco más la cabeza, aguantar, sacar la patita por si acaso, y resguardarse bien, no vaya a ser que nos pase algo.

Esta es la forma de mirar que nos han enseñado, la que hemos aprendido o con la que nos hemos sentido más cómodos cada uno de nosotros.

Pero podemos mirar de muchas más maneras, y eso no implica que seamos optimistas, o pesimistas. Eso simplemente implica que podemos, primero, darnos cuenta del punto de vista que estamos adoptando. Segundo, darnos cuenta de que existen muchas más formas y puntos de vista desde los cuales mirar. Tercero, darnos cuenta de que, al calor de nuestro refugio, podemos entrenarnos en mirar de otra manera. Es simple y llanamente un ejercicio de entrenamiento.

Puedo descubrir que me puedo ir al otro lado más extremo, y decir que esta situación es fantástica, que es una oportunidad maravillosa para poder cambiar la manera de funcionar, para poder evolucionar hacia otro sistema económico y político.

Pero también puedo intentar ejercitarme en descubrir cuántos puntos de vista puedo tener, intermedios entre esos dos extremos.

Porque, seamos realistas, para situarme en cualquiera de esos dos puntos de vista extremos, no necesito mucho, y sin embargo, mi capacidad de actuación es nula, o casi nula. Porque todo lo que yo decida o no decida, en base a ese punto de vista, no sirve para que algo cambie. Con mi actuación, yo no voy a cambiar el sistema económico y político, quizá sirva de ejemplo, pero yo sólo, o sólo mi organización, no puedo hacer realidad ese cambio.

Es fácil situarse en esos dos puntos de vista. Uno porque es el que traemos por defecto, y el otro, porque hay miles de mensajes y miles de personas que nos lo dicen también. Lo difícil, y lo bonito, es intentar ver qué otros puntos de vista hay, intermedios entre esos dos, y que me descubren un campo factible de actuación y de cambio para mí y para mi realidad.

Porque haberlos, los hay.

Esa es la verdadera oportunidad de la crisis. Nos da un espacio para el descubrimiento, para la reflexión, una oportunidad para mirar, para entrenarnos en mirar.

Algunos me dirán que, sí, que muy bien, que eso queda muy bonito en el papel, pero que cómo se hace eso. Y yo diré que es fácil, que consiste en preguntarse, en ir a las bases, a los cimientos, a la misión, visión y valores. Los nuestros como personas, y los nuestros como organizaciones.

Muchos hemos desarrollado trabajos por inercia, nos hemos dejado llevar, arrastrados por las circunstancias y las oportunidades que en un determinado momento se nos presentaron, y no pudimos dedicar un tiempo a preguntarnos cuáles eran nuestros talentos, con qué cosas nos divertíamos, qué es aquello que es innegociable, y qué puedo negociar, cuál es mi código de conducta y cuáles son mis valores.

Para hacernos estas preguntas, y responderlas, tenemos tiempo. Y una vez respondidas, podemos compararlas con lo que tenemos ahora mismo, y cuál es su grado de coincidencia. ¿Estoy muy cerca o estoy muy alejado?. ¿Por qué si lo que a mí me divierte es trabajar con personas, estoy sentado delante del cuadro de mandos de un avión?. ¿Qué dice eso de mí?. ¿Hacia dónde puedo ir, si el grado de coincidencia es escaso?.

Ahora tenemos tiempo. Ahora tenemos oportunidad de dibujar nuevos caminos. Sólo depende de nosotros. ¿Para qué decimos que nuestra misión como organización es respaldar a nuestros clientes cuando podemos decir que “movemos” voluntades y deseos?. En el fondo, el mensaje es el mismo, pero la manera de decirlo es radicalmente diferente. Y esa manera de decirla es la que nos abre o nos cierra puertas, la que dibuja nuestros caminos.

Todos podemos hacerlo, es cuestión de reflexionar un poco, de trabajar desde aquello que nos llena y nos divierte, es eso lo que tenemos que encontrar, y desde ahí, dibujar tantos puntos de vista como nos sea posible, para poder después decidir uno, aquél que nos permita actuar sobre la realidad y empezar a cambiarla.

Si todos lo hiciéramos, y ahora todos tenemos tiempo para hacerlo, estaremos dando un paso enorme para que ese punto extremo de cambio del sistema económico y político, sea de verdad, una realidad. Ésta es la verdadera oportunidad de esta enorme crisis. Tenemos tiempo. Aprovechémoslo.

Coaching, branding y aprendizaje experiencial

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La situación económica mundial, y particularmente, la situación española, nos empuja hacia cambios profundos en la forma de trabajar y en la forma de comunicarnos.

Cada vez es más necesario, hasta el punto de convertirse en vital en algunas ocasiones, saber bien qué imagen tenemos y qué imagen transmitimos, personal y profesionalmente, porque eso es lo que nos distingue de lo demás.

Y una vez sabiendo esas dos cosas, estaremos en disposición de saber en qué cuestiones tenemos que trabajar para poder ir ganando en confianza, en credibilidad, en seguridad, en crecimiento y en resultados.

Hace ya muchos años que uno de los mejores pensadores de management del mundo, Charles Handy, escribió un libro fundamental: “El elefante y la pulga”, en el que hablaba de cómo iba a evolucionar el mundo económico y empresarial, desde un sistema protegido por grandes multinacionales que actuaban como patriarcado, hasta un sistema totalmente diferente, basado en la individualidad y el trabajo autónomo.

Hoy en día se está produciendo a gran escala este cambio que anunciaba Handy, un cambio que es una enorme oportunidad de ganar en respeto, en crecimiento, en profesionalidad y en humanidad en el mundo empresarial.

Y en ese cambio de escala, la imagen es esencial. El saber vender, el saber transmitir, el saber comunicar, con pasión, con entusiasmo, con confianza, aquello que nosotros sabemos hacer, aquello que nosotros podemos aportar, es algo de lo que tenemos que preocuparnos, desde ya. De nada nos sirve ser buenísimos consultores, o buenísimos ingenieros, o buenísimos expertos medioambientales, si el otro, si el mercado, no se entera y no se convence de que eso es así, de que nosotros somos valiosos y de que generamos y aportamos valor añadido esencial para su crecimiento.

Preocuparse de esto, significa buscar la manera de saber en qué punto me encuentro, qué clase de vendedor, qué clase de comunicador soy, y qué mensaje estoy trasladando y cómo se está entendiendo ese mensaje.

Preocuparse de esto, significa también, que, una vez que sé en qué punto me encuentro, busco las herramientas necesarias para avanzar, para mejorar, para ser cada vez mejor en eso.

Herramientas hay muchas. Para nosotros, dos de las más potentes, son el coaching y el aprendizaje experiencial.

El coaching aporta la reflexión y el descubrimiento de nuestra forma de mirar, de nuestra forma de entender el mundo. De cómo lo enjuiciamos y de cómo nos juzgamos a nosotros mismos y a los demás. Y de qué trabas nos ponemos con base en esos juicios. Aporta también la posibilidad de liberarnos, en cierta medida, de esos juicios, de esas creencias, cambiándolas o modificándolas, o simplemente, poniéndolas a favor nuestro.

El aprendizaje experiencial aporta la posibilidad de entrenar, de simular, de probar, de equivocarse, de mejorar en situaciones simuladas nuestra respuesta, para que, cuando llegue la verdadera oportunidad, nosotros podamos responder de la mejor manera posible.

Nuestra imagen profesional descansa en una serie de competencias, todas ellas relacionadas con la inteligencia emocional. El coaching y el aprendizaje experiencial permiten el entrenamiento y la mejora de todas y cada una de esas competencias, y por tanto, un desarrollo de nuestra inteligencia emocional.

¿Cómo aprenderemos mejor a negociar: leyendo un libro, aunque sea buenísimo, sobre negociación, o poniéndonos a negociar, teniendo a nuestra disposición dos o más personas que nos van a ayudar a ver dónde podemos mejorar?.

¿Cómo aprenderemos mejor a lidiar con nuestro estrés: viendo un vídeo de relajación, o practicando distintas técnicas guiadas?.

En la jornada de coaching, branding y aprendizaje experiencial celebrada el 18 de julio en el Instituto Superior de Medio Ambiente, impartida por MyO Company, se tuvo la oportunidad de ver y experimentar las ventajas de este tipo de herramientas.

Fue una pequeña prueba de un programa formativo intenso y profundo, en métodos y herramientas, que puede prepararnos para un salto cualitativo en nuestras habilidades profesionales y en nuestra imagen.

No te lo pierdas. El futuro te espera.

 

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