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Entrenarse para sobrevivir

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Recojemos aquí un artículo escrito por nuestra directora Oliva González, para Diario Abierto: “Entrenarse para sobrevivir”.

Llevo casi 20 años dedicada al mundo de la empresa. Desde que era muy pequeña crecí escuchando a mi padre las bondades del ‘management’ y del mundo empresarial, y supongo que ahí nació mi interés y mi pasión por este mundo.

Para mí, las empresas son los únicos organismos vivos que pueden morir por su propia mano siendo totalmente inconscientes de lo que están haciendo. También son los únicos organismos vivos que pueden vivir casi eternamente. Es decir, que contienen en su esencia la capacidad de la inmortalidad. Y es una lástima que teniendo esa ansia que tenemos  los hombres por la eternidad, no sepamos reconocer dónde está y cómo podemos hacerla realidad.

Las empresas son personas. Están formadas por personas. Si no hay personas no hay empresas. Dos personas se relacionan entre ellas. Varios cientos de personas producen miles de relaciones al día. Las empresas son relaciones entre las personas. La calidad de las relaciones depende de la emocionalidad de las personas que están involucradas, de su inteligencia emocional.  Podemos hablar de números, procedimientos, metodologías, cadenas de valor, y de todo lo que queramos, pero en realidad, dominada la técnica, nos ahogamos por la emoción.

Porque no somos duchos en ella, ya que venimos de un sistema nacido en la época de la Revolución Industrial, donde primaba la producción en serie. No es malo, pero el mundo va cambiando y evoluciona, camino de la libertad individual, de la capacidad de elegir, y de la capacidad de hacer escuchar la propia voz, y las empresas debemos adaptarnos a ello. Debemos aprender a ser humanas, a manejarnos en el mundo emocional, y gestionar desde un equilibrio entre el lado técnico y el lado emocional.

Charles Handy, hace muchos años, en su libro El elefante y la pulga, decía: “Los valores, las creencias y las emociones son materia esencial para la formación de directivos. Dejarlas fuera es arriesgarse a ignorar la humanidad, que es el corazón de cualquier organización”.

Para no dejarlas fuera, no tenemos que invertir grandes cantidades de dinero, ni rompernos la cabeza para implantar procedimientos complejos. Tenemos todo lo que necesitamos. Lo único que tenemos que hacer es entrenarnos, abrirnos a mirar de otra manera. Y a dejarnos mirar de otra manera. Y a aprender de esas dos nuevas formas de mirar.

Si cualquier músico, cualquier actor, o cualquier deportista entrenan muchas horas antes de salir a escena, ¿por qué nosotros no entrenamos las situaciones difíciles, y las no tan difíciles, que vamos a encontrarnos en el día a día de la empresa?

Si tenemos una negociación complicada, una conversación difícil, una reunión en la que nos jugamos una refinanciación, y cuestiones semejantes que pueden complicar la situación y viabilidad de la empresa, es mucho mejor si vamos preparados. Si hemos entrenado esas situaciones en un entorno en el que podemos descubrir formas diferentes de enfrentarlas y de negociar, con feedback constructivo y recurrente.

Aprendizaje experiencial

La idea de entrenarse para el trabajo en la empresa no es nueva. Pertenece a lo que se denomina aprendizaje experiencial, o learning by doing, y se utiliza desde hace más de 30 años por miles de organizaciones, en distintas formas, para mejorar las habilidades y competencias de sus colaboradores. También son utilizados por las escuelas de negocio más prestigiosas del mundo. Es el caso de Harvard, que acaba de cambiar la forma de abordar sus MBAs a través del programa FIELD o la MIT’s Sloan School of Management, donde hace muchos años que disponen de laboratorios de entrenamiento, por ejemplo, el Trading Lab.

Nosotros creemos en un entrenamiento que proporcione, al menos, dos tipos de miradas. Una mirada técnica, que comprende y conoce el problema o la situación que se entrena, y una mirada humana, que comprende y conoce la psicología, el lenguaje, y las emociones. Esto posibilita la creación de un espacio o laboratorio donde se llega al dominio técnico a la par que se desarrolla la inteligencia emocional, reforzándose ambas mutuamente, en un proceso sin fin. El no conseguir el objetivo o el éxito es un acicate para seguir probando, para evolucionar y crecer.

Las personas que se han sumado a estas iniciativas declaran haber ganado seguridad, confianza, libertad de actuación, conocimiento de sí mismos y de los demás.  También identificación de fortalezas que no creían tener, y descubrimiento de cómo utilizar sus aparentemente debilidades como fortalezas, amén de obtener mejores resultados, mayor cohesión de sus equipos de trabajo, mayor escucha y respeto por las opiniones de los demás, y mejor “sentimiento” de empresa.

La emoción pesa en la cuenta de resultados. Y ese peso se transformará en una palanca para conseguir mejores resultados en el momento en el que decidamos entrenarnos de forma sistemática, en buenos espacios y con buenos entrenadores. La supervivencia de nuestra empresa está en juego. ¿Por qué no intentarlo? No se pierde nada, y se gana mucho.

Coaching, branding y aprendizaje experiencial

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La situación económica mundial, y particularmente, la situación española, nos empuja hacia cambios profundos en la forma de trabajar y en la forma de comunicarnos.

Cada vez es más necesario, hasta el punto de convertirse en vital en algunas ocasiones, saber bien qué imagen tenemos y qué imagen transmitimos, personal y profesionalmente, porque eso es lo que nos distingue de lo demás.

Y una vez sabiendo esas dos cosas, estaremos en disposición de saber en qué cuestiones tenemos que trabajar para poder ir ganando en confianza, en credibilidad, en seguridad, en crecimiento y en resultados.

Hace ya muchos años que uno de los mejores pensadores de management del mundo, Charles Handy, escribió un libro fundamental: “El elefante y la pulga”, en el que hablaba de cómo iba a evolucionar el mundo económico y empresarial, desde un sistema protegido por grandes multinacionales que actuaban como patriarcado, hasta un sistema totalmente diferente, basado en la individualidad y el trabajo autónomo.

Hoy en día se está produciendo a gran escala este cambio que anunciaba Handy, un cambio que es una enorme oportunidad de ganar en respeto, en crecimiento, en profesionalidad y en humanidad en el mundo empresarial.

Y en ese cambio de escala, la imagen es esencial. El saber vender, el saber transmitir, el saber comunicar, con pasión, con entusiasmo, con confianza, aquello que nosotros sabemos hacer, aquello que nosotros podemos aportar, es algo de lo que tenemos que preocuparnos, desde ya. De nada nos sirve ser buenísimos consultores, o buenísimos ingenieros, o buenísimos expertos medioambientales, si el otro, si el mercado, no se entera y no se convence de que eso es así, de que nosotros somos valiosos y de que generamos y aportamos valor añadido esencial para su crecimiento.

Preocuparse de esto, significa buscar la manera de saber en qué punto me encuentro, qué clase de vendedor, qué clase de comunicador soy, y qué mensaje estoy trasladando y cómo se está entendiendo ese mensaje.

Preocuparse de esto, significa también, que, una vez que sé en qué punto me encuentro, busco las herramientas necesarias para avanzar, para mejorar, para ser cada vez mejor en eso.

Herramientas hay muchas. Para nosotros, dos de las más potentes, son el coaching y el aprendizaje experiencial.

El coaching aporta la reflexión y el descubrimiento de nuestra forma de mirar, de nuestra forma de entender el mundo. De cómo lo enjuiciamos y de cómo nos juzgamos a nosotros mismos y a los demás. Y de qué trabas nos ponemos con base en esos juicios. Aporta también la posibilidad de liberarnos, en cierta medida, de esos juicios, de esas creencias, cambiándolas o modificándolas, o simplemente, poniéndolas a favor nuestro.

El aprendizaje experiencial aporta la posibilidad de entrenar, de simular, de probar, de equivocarse, de mejorar en situaciones simuladas nuestra respuesta, para que, cuando llegue la verdadera oportunidad, nosotros podamos responder de la mejor manera posible.

Nuestra imagen profesional descansa en una serie de competencias, todas ellas relacionadas con la inteligencia emocional. El coaching y el aprendizaje experiencial permiten el entrenamiento y la mejora de todas y cada una de esas competencias, y por tanto, un desarrollo de nuestra inteligencia emocional.

¿Cómo aprenderemos mejor a negociar: leyendo un libro, aunque sea buenísimo, sobre negociación, o poniéndonos a negociar, teniendo a nuestra disposición dos o más personas que nos van a ayudar a ver dónde podemos mejorar?.

¿Cómo aprenderemos mejor a lidiar con nuestro estrés: viendo un vídeo de relajación, o practicando distintas técnicas guiadas?.

En la jornada de coaching, branding y aprendizaje experiencial celebrada el 18 de julio en el Instituto Superior de Medio Ambiente, impartida por MyO Company, se tuvo la oportunidad de ver y experimentar las ventajas de este tipo de herramientas.

Fue una pequeña prueba de un programa formativo intenso y profundo, en métodos y herramientas, que puede prepararnos para un salto cualitativo en nuestras habilidades profesionales y en nuestra imagen.

No te lo pierdas. El futuro te espera.

 

Jornada sobre coaching, branding y aprendizaje experiencial

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El día 18 de julio estaremos en la sede del Instituto Superior del Medio Ambiente para compartir con todas aquellas personas que estén interesadas, diversas herramientas para mejorar nuestra imagen personal y profesional.

Hablaremos sobre competencias y debilidades. Cómo poner ambas a favor nuestro para conseguir nuestros objetivos. Explicaremos qué es el coaching y qué es el aprendizaje experiencial. Y nos divertiremos y aprenderemos con ejercicios prácticos basados en las técnicas teatrales.

Os esperamos!

Para apuntarse: http://www.ismedioambiente.com/agenda/jornada-gratuita-de-coaching-y-branding-personal

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