Artículo escrito para el blog de Avalon la red de Expertos.

“Méntor, ¿cómo voy a ir a abrazar sus rodillas? No tengo aún experiencia alguna en discursos ajustados. Y además a un hombre joven le da vergüenza preguntar a uno más viejo”

“Telémaco, unas palabras las concebirás en tu propia mente y otras te las infundirá la divinidad. Estoy segura de que tú has nacido y te has criado no sin la voluntad de los dioses”

Y Telémaco se llenó de valor y le contestó discretamente, pues la misma Atenea le infundió valor en su interior para que le preguntara sobre su padre ausente y para que cobrara fama de valiente entre los hombres” La Odisea. Canto III.

mentorMéntor, amigo de Ulises, a la partida de éste, queda encargado de la educación de Telémaco, hijo de Ulises. Una educación dirigida a pensar por sí mismo, a entender y a discernir entre oportunidades y dificultades. A encontrar dentro de sí mismo, el valor necesario para emprender la lucha por sus propios intereses y derechos. Una educación en la que intervino Atenea, varias veces, ocupando el lugar de Méntor.

Ése es el origen de la figura del mentor, un consejero, un guía, que tiene el objetivo de que la persona de la que es mentor consiga sacar lo mejor de sí misma.

Casi todos los grandes hombres y mujeres han tenido algún mentor ó alguna mentora. Estas relaciones se caracterizan por un alto compromiso mutuo, un grado de confianza elevado, y una dinámica relacional en la que una persona desarrolla y ayuda a otra, de forma voluntaria y altruista, mientras se está también desarrollando a sí misma.

Desde mi punto de vista, lo mejor que le puede pasar a un emprendedor, y a quien no lo es, es que encuentre un buen mentor.

Estamos actualmente inmersos en un mundo donde, ahora más que nunca, necesitamos lazos de cooperación, de colaboración, de apoyo. Navegamos en mares inciertos, sin saber cómo va a amanecer cada día, y cuál va a ser la dinámica del mercado, ni a corto, ni a medio, ni a largo plazo. Y para navegar en esos mares inciertos, podemos hacerlo a ciegas, o casi a ciegas, o podemos hacerlo ayudados, de muchas y diversas maneras, y de una muy especial: con la ayuda de un mentor.

Alguien que, con la experiencia suficiente, y con la voluntad y el compromiso sincero de ayudarnos, se embarca con nosotros en nuestra particular nave, nos escucha, nos tranquiliza, nos infunde ánimos, y sobre todo, nos ayuda a identificar el rumbo adecuado, en definitiva, nos proporciona un espacio y un tiempo para pensar, para abrir la mente, para valorar otras opciones, y sólo entonces, nos anima a responsabilizarnos y a decidir por nosotros mismos.

No es alguien que nos da consejos. No es alguien que se pone por encima nuestro, que cree que nos puede enseñar. No es alguien que quiere cobrar por sus servicios. No presta consultoría. No presta asesorías. Presta sus oídos y su corazón, para vernos con nuestra singularidad y nuestra valía. Presta su tiempo y su compromiso, su confianza y su ánimo, para ponerlo al servicio de que nosotros descubramos las respuestas a nuestros rumbos, esas respuestas que todos llevamos dentro.

Habrá quien diga que con esa descripción, es difícil encontrar mentores, o al menos, buenos mentores. Yo diría que no es así. Encontrar a un buen mentor para nosotros no es difícil, pero lo primero que tenemos que hacer es reconocer que, a veces, no sabemos el rumbo. Reconocer que hay muchas respuestas dentro de nosotros, y que no pueden salir, porque no nos hacemos las preguntas adecuadas. Reconocer que, a veces, es necesario el encuentro con otro para encontrar nuestro rumbo y encontrarnos nosotros.

Reconociendo alguna de estas cuestiones, estamos dando un paso inmenso en responsabilidad, y en posibilidades de crecimiento. Y desde ahí, es fácil empezar a buscar cómo completarnos en eso que sentimos que nos falta.

A veces, de repente, aparece sin más. Pero la mayoría de las veces, tendremos que buscar. Y cada vez existen más facilidades para buscar. Empiezan a ser conocidas y extendidas las prácticas de redes de mentores. Hay grandes emprendedores y grandes empresarios que se ofrecen como mentores. Y también, existe la posibilidad de que nosotros vayamos a pedir a alguien que sea nuestro mentor. ¿Por qué no? Lo peor que nos puede pasar es que nos diga que no, y entonces, seguiremos buscando…