Artículo publicado en Training and Development Digest

La vida es un continuo discurrir por caminos. Caminos diversos, que a veces son fáciles, yotras veces muy complicados. Hay personas que toman un camino muy pronto y lo siguen siempre, y otros que van cambiando de camino cada dos por tres, buscando algo que, a veces, ni siquiera se sabe bien qué es. Hay veces que los caminos los eliges tú, y hay veces que los caminos te eligen a ti. No sabes bien cómo pasa, pero pasa. Te dejas llevar por las circunstancias, te dejas llevar por la inercia, y de repente, te encuentras en un sitio al que nunca pensabas que llegarías. A veces para bien, y a veces para mal.

Ese despertar, ese darse cuenta de que estás en un sitio al que nunca pensabas llegar, suele suceder en momentos de crisis, en momentos de ruptura de alguna de las circunstancias que se han hecho conocidas para nosotros.

Se rompen las “reglas del juego” y zas, de repente, tomamos conciencia de la situación.

A veces ni siquiera nos hemos dado cuenta del camino que hemos recorrido y que nos ha llevado hasta allí. Otras veces hemos sido conscientes, pero nos hemos dejado llevar. Y otras veces, hemos elegido conscientemente ese camino, sin saber muy bien adónde nos conducía.

El caso es que, producida la ruptura, producido el hecho de “darse cuenta” del dónde estamos, y de las circunstancias, aparece la incertidumbre, y con ella, el miedo.

El miedo a perder lo adquirido. El miedo a perder más de lo que ya he perdido. El miedo al vacío. El miedo a ser consciente de que es necesario actuar para modificar la situación.

Y con el miedo, afloran también todas nuestras inseguridades, aquellas que han estado camufladas a lo largo de todo ese tiempo, bajo una capa de falsa seguridad.

Y entonces, o nos paralizamos, o nos vamos en una huída hacia delante, dependiendo de nuestra personalidad.

Y ambos casos, perdemos opciones, al no tener libertad.

Libertad de elección.

73845_301082233334880_2120982878_nElección en cuanto a de qué forma reaccionar. Porque entre la parálisis y la huida hacia delante, existen muchos puntos intermedios. Tantos que es imposible nombrarlos, ya que dependen de la personalidad de cada uno de nosotros.

Estamos acostumbrados a mirar la realidad de una determinada manera. Desde nuestro punto de vista. Y ese punto de vista determina, sin que nos demos cuenta, nuestras elecciones y nuestras reacciones.

Y no nos damos cuenta de que podemos mirar de otra manera. Que podemos entrenarnos en elegir y en reaccionar de forma diferente, con más libertad.

Quizá, terminaremos eligiendo lo mismo, en alguna ocasión, pero será una elección meditada y sopesada, y no una reacción por impulso.

Los momentos de crisis, los momentos de rupturas, los momentos del “darse cuenta” son maravillosos. Por una sola razón: nos dan la oportunidad de elegir, de decidir.

Nos dan la oportunidad de ver que tenemos infinitos caminos. Algunos son para tomar, y otros son para construir.

Tenemos y debemos tomarnos tiempo. Tiempo para mirar de otra manera. Dentro de nosotros, y fuera de nosotros.

Creo que los mejores caminos son aquellos que nacen del interior. Aquellos que parten de lo que te mueve de forma más profunda, de aquello con lo que de verdad te entusiasmas y te comprometes.

Esos mejores caminos se construyen, a veces sobre algunos ya trazados, y otros se hacen pasito a pasito, y su origen casi siempre empieza en una crisis, en una ruptura, en un “darse cuenta”.

Entrenémonos entonces en escucharnos, dentro, quizá a veces, muy dentro de nosotros, para saber qué nos mueve, para saber qué nos entusiasma, para saber con qué nos comprometemos, más allá de los caminos que hemos ido tomando, más allá de nuestro punto de vista y de nuestras costumbres.

Entrenémonos en romper nuestra cotidianidad, nuestros hábitos. Observemos nuestras reacciones, físicas, emocionales, mentales. Identifiquemos las razones de nuestra aparente seguridad, y las de nuestra inseguridad.

Y cuando estemos ante el vacío del “darse cuenta”, cuando estemos en el momento de crisis, concedámonos un momento para imaginar. Un momento para dibujar en el vacío. Un momento para escuchar ese vacío.

Para construir, entre él y yo, todas las posibles opciones de caminos a tomar, o a construir. Teniendo claro, además, que nunca serán todas las posibles opciones, porque siempre serán dibujadas, construidas, a partir de un punto de vista.

Todos esos caminos conformarán nuestra cartografía del futuro, de nuestras opciones, más o menos fáciles, más o menos difíciles. Unas opciones con las que podemos afrontar nuestro miedo, nuestra inseguridad.

Y si nos escuchamos a nosotros mismos, escuchamos nuestro miedo, escuchamos nuestra inseguridad, también podremos escuchar nuestras pasiones, nuestros talentos, nuestros compromisos.

Y con todos ellos, podremos elegir desde el corazón, desde la emoción, desde la pasión, nuestro nuevo camino.

Puede que el camino aparezca claramente dibujado, certero, recto, meridianamente claro. Son los caminos para tomar, los caminos ya hechos, por otras personas, por las circunstancias, por nosotros mismos.

O puede que el camino sólo tenga una primera etapa, o ni siquiera eso. Son los caminos a construir, para los que se necesita valor y osadía. Quizá porque nunca los contemplé, o quizá porque nadie los ha seguido antes. Caminos de incertidumbre que pueden llevar a sitios maravillosos, o quizá sólo, nada más y nada menos, proporcionan una experiencia maravillosa de aprendizaje y crecimiento mientras se hacen, mientras se construyen.

Caminos para tomar, o caminos para construir.

Dependen de nosotros, dependen de nuestro interior, de nuestro punto de vista. De nuestra forma de mirar, hacia fuera, y hacia dentro. Nada más, y nada menos